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A*Desk, 23/02/2014.

«Crónica de la semana del arte contemporáneo en Madrid (III): JustMAD, una panda de tarados»

Subíamos en ascensor hacia JustMAD y alguien observó en un prospecto el término «curador». «¡Y dale con la palabrita de moda! Se repite más que el «jamón con melón» en los noventa». Un día antes, un servidor había escuchado al escritor argentino Blas Matamoro argumentar en la tertulia de Revista de Occidente por qué convendría abandonar esa palabrita. En latín, «curator» significa «legítimo representante de un incapaz o un inválido». Como nosotros hablamos un neolatín degradado, como balbucimos malamente la lengua de Cicerón, damos a entender que lo que exponen nuestros «curadores de exposiciones», lo que muestran nuestras «muestras curadas» son obra de tullidos, tarados y dementes. Esta etimología argentina ben trovata nos pone sobre la pista de lo que son en realidad las ferias paralelas a ARCO. La selección de galerías se reduce y un trajo mínimo de curación se presupone. Los locos hablan a través de terceros.

Dando esta hipótesis por buena, ¿cuál es la tara de JustMAD?, ¿cuál es su demencia? Su hipsterismo. Esta feria de arte tiene una terraza con césped artificial y set de DJ que me recuerda a la hierba de postín y al ambiente que nunca falta en los festivales de música para modernos. Una mezcla de pretensión y negocios de pacotilla. Situada en un edificio antiguo recién renovado en mitad de la céntrica calle Hortaleza, JustMAD es la más moderna de las tres ferias que se enseñorean esta semana del arte contemporáneo en Madrid. Tiene vistas a las bicicletas estáticas de un gimnasio y a un jardín con piedrecitas en el zócalo al estilo zen y una estética que recuerda absurdamente a la Bauhaus. Uno duda si ha venido a comprar verduras ecológicas o está allí por amor al arte.

Yo estuve por amor al arte. Lo estuve, lo prometo. Mis expectativas fueron satisfechas. Aquellas piezas que en ARCO parecían una mera ocurrencia, un detalle trivial que termina siendo engullido por el cansancio y por las dimensiones de espacio, en JustMAD encuentra su lugar como cosa cuqui, como algo mono, como pura cursilería. En esta feria uno puede apreciar lo que carece de pretensión, los artefactos artísticos que incorporan la primera de las propuestas de Italo Calvino para el nuevo mileno. ¡Que os sea leve!, nos decía el escritor italiano. La levedad domina sobre varias galerías/artistas que llamaron mi atención en un estrecho y mínimo pasillo de esta feria: 1) etHALL/Martín Vitaliti, cuyo trabajo sobre el marco del cómic tiene ecos pop y op art que añaden sutileza a las consideraciones de Jacques Derrida en La verdad en pintura; 2) Javier Silva/Amélie Bouvier, cuyas siluetas en folios de Excell por encima de material de relleno son muy cucas y no hay teoría que borre esta impresión; 3) Blanca Soto/José Luis Serzo, cuyos cuadros oníricos seguramente se encuentran entre la mejor pintura neobarroca del momento, que es como ser el mejor poeta de tu calle, solo que esta vez es cierto y Antonio García Berrio puede reconocerlo.

Un escalón por encima están las galerías Fernando Pradilla y El Museo, cuyo stand descuella incluso sobre el trasfondo de lo visto en ARCO. Tal es la rotundidad del planteamiento expositivo que manejan que sin duda merecen un pin en el pecho. Traen entre otras cosas obra de Santiago Morilla, un personaje singular y ciertamente polifacético. Sus dibujos de gente oculta entre las lanas de las ovejas formando el término «FIN», yo los leo en sede homérica. Ulises y Polifemo, ya saben. Y qué decir de la figuración translúcida de Moises Maliques, en color blanco sobre fondo negro, que tienen en la pared opuesta a las extensiones de peluquería que realiza Ignacio Bautista sobre el césped de los campos de fútbol hasta dejarlos como melenas de Rapunzel, salvo decir de ambos que son buenas piezas y punto pelota.

Lo dicho: una panda de tarados.