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El Estado Mental, núm. 5, 2014, págs. 43-48.

«Teenage Kicks: Entrevista a cuatro adolescentes»

Ernesto Castro: ¿Qué opináis de la relación entre gobernantes y gobernados en el ámbito específico de la cultura? ¿Hay una oferta de cultura organizada desde el punto de vista de las instituciones públicas que satisface la demanda juvenil?

Adrián Lattes: Yo siempre me busco cosas que hacer en Madrid relacionadas con la cultura, la música o el deporte, pero nunca he ido a una institución ni a una programación preparada exclusivamente para jóvenes. Creo que no es necesario crear un sistema que sea sólo para jóvenes. Hay un montón de cosas interesantes, muchas de ellas gratis, que hacer aquí; es simplemente tener ganas de ir. Está bien que existan sitios preparados para gente joven, que se hagan grupos de teatro, de música, de lectura, clases…, pero la gente tiene que tener ganas. Y eso no se consigue sólo creando la institución, hay que crear las ganas de ir a estos sitios.

Daniel Valtueña: Yo, concretamente, con mi compañía de teatro, tengo contacto con centros juveniles. Y veo que a menudo las personas que llevan esas pequeñas instituciones tienen ganas de impulsar la cultura y de ayudarnos a desarrollar nuestros proyectos, pero están atados de pies y manos por cosas que les vienen desde arriba y tienen muy poca movilidad. Como dice Adrián, no basta con crear las infraestructuras, hace falta ese tejido. Al final hay un desfase entre lo que se está ofreciendo y lo que “el público” está pidiendo. Hace poco, el director del Ballet Nacional decía que la danza no tiene que ser un espectáculo casposo, sino una forma artística que puede atraer también a los jóvenes. Está claro que no sólo los formatos específicamente hechos para jóvenes atraen a los jóvenes. Pero hay como una obsesión por crearlos, y encima no están realizados por jóvenes. Por eso en el FESTeen se decidió formar un comité, el Teen Team, para orientar con más cabeza la programación.

Violeta Lanza: Sobre todo parece que se responde a la pregunta de si la cultura joven es cultura o es tontería; rollo Disney Channel, hablando en plata. Creo que tenemos delante la gran pregunta que hemos planteado: ¿Qué se entiende exactamente por un formato joven relacionado con la cultura? Si vender cultura joven como skate, cómic o grafiti sería realmente un concepto realista. En parte seguramente sí, pero hablar de cultura joven es un concepto tan amplio como puede serlo la propia juventud. Si se me permite caer en lo que algunos dirán que es una disquisición filosófica, cultura y educación son lo que cambia el mundo. Lo que cultives ahora es lo que tendrás después, por lo tanto potenciémoslo. Pero bueno, también pasémonoslo bien por el camino, ¿no? 

Ernesto Castro: ¿Creéis que hay algún tipo de factor político subyacente a esta ausencia de incentivos para crear proyectos intergeneracionales, o pensáis que es una cuestión puramente económica, que resulta más rentable —o así lo creen algunos— intentar montar Eurovegas o captar los Juegos Olímpicos que volver a crear una estructura y propiciar un renacer cultural? Siempre se menciona la Movida como edad de oro…

Arane Deltoya: Es que el borreguismo siempre sale barato. Cuanta más gente haya poco cultivada o curiosa, menos posibilidades va a haber de que se hagan programas no ya para jóvenes, sino de cultura en general. Es mucho más fácil hacer una explanada que ocupar ese terreno para hacer una biblioteca. Es más barato y les va a salir más a cuenta. Lo que se busca desde hace unos años hasta ahora, no sólo en Madrid, es el dinero, sacar más que el otro. Y si publicar un libro son 30 euros y eso te da diez de beneficio, mientras que un montón de chavales beban y fumen y hagan todo lo que les dé la gana te da diez mil millones en multas, pues va a ser mucho más fácil hacer lo segundo. ¿Que se debe hacer lo primero? Pues sí, pero desgraciadamente se hace todo lo contrario.

Daniel Valtueña: La Movida fue una época de oro, pero también han pasado los años y la perspectiva histórica siempre ayuda a idealizar el pasado. A partir de eso, y partiendo de que aquél fue un momento en que cultura y política se aliaron, es cierto que actualmente en Madrid estamos viviendo una situación compleja. Durante un tiempo se desarrollaron grandes instituciones culturales que dependían del ayuntamiento; por ejemplo, una red de teatros muy importante: el Español, el Fernán Gómez, las Naves del Español, el Conde Duque…, y hubo un esfuerzo para que ofrecieran una programación de calidad. Pero luego han llegado los problemas; igual que con los hospitales, se ha intentado una privatización de los teatros. Todavía subyace una intervención política demasiado fuerte dentro de la cultura. Frente a la polémica de la elección del último director del Teatro Español, hay que seguir el ejemplo de instituciones como la Compañía Nacional de Teatro Clásico o el Ballet Nacional o la Compañía Nacional de Danza, cuyos directores son de una tremendísima calidad y han sido elegidos a partir de concurso. Luego tenemos situaciones desastrosas como la de Conde Duque, un centro cultural de grandes dimensiones y con unas posibilidades infinitas en el cual se ha invertido muchísimo dinero público, pero no se ha pensado —volvemos a lo del tejido— en que hay que llenarlo de programación. Y ahí está, en una especie de limbo. Habría que pensar qué estamos haciendo mal, de qué manera
se pueden solucionar los problemas, y tirar para delante.

Violeta Lanza: Así como ya es famoso aquel texto de Aristóteles en el que se metía con la juventud, también es bastante fácil caer en el catastrofismo al comparar una época anterior con la actual. Como dice Dani, en los últimos años han aflorado bastantes instituciones de calidad. Hay imperfecciones, pero me declaro enemiga del simplismo de idealizar lo pasado. Sí, es importante ver en qué estamos fallando para progresar, pero también lo es mirar un poco con optimismo, y más que caer en análisis de épocas anteriores, con contextos de inquietudes políticas y una efervescencia vital concreta, que a lo mejor ahora en ciertos aspectos no la hay, pues en otros sí… y ése el tema. Esto empieza por la ética de cada uno, pero se replica a gran escala, construyendo un proyecto como el FESTeen. Así que éste es mi mensaje: rehuyamos el catastrofismo; no olvidemos nuestra actitud crítica, pero confiemos en que tenemos fuerzas y un camino interesante por recorrer. Es cierto que la subida de los precios en cultura puede ser complicado para los jóvenes que no tenemos unos ingresos que nos permitan acceder, pero existen quizá otros medios, otras ventajas. Si uno se mueve descubre que no es tan difícil como puede parecer.

Adrián Lattes: Volviendo al tema de la relación entre política y cultura, creo que la política sólo tiene que permitir la cultura, no darle una dirección ni crearla. O sea, está bien que la cultura sea pública y gestionada por los políticos, pero que no se metan en ella, que no la modifiquen. Por otra parte, sobre lo que dice Violeta de los precios, yo no me puedo permitir pagar diez euros para ir al cine. En Francia hay subvenciones, mientras aquí se está poniendo frenos. 

Ernesto Castro: Me parece muy pertinente la invocación a Aristóteles ya que, frente a esa cultura griega que despreciaba a la juventud como irreflexiva y estúpida, se ha pasado, sobre todo en el último siglo, a su idealización. ¿Somos infinitos adolescentes hasta que nos morimos?

Adrián Lattes: Nos encantan las etiquetas: si algo no tiene etiqueta, ni lo tocas; pero en cuanto la tiene, empieza a molar. Ahora se ha pasado de “eres un adolescente, tienes la edad del pavo” a “eres un teenager”, que mola más, y así aguantas hasta los 21. A ningún chaval de 13 años le gusta que lo llamen adolescente, ni a ningún niño que lo llamen niño, ni a ningún adulto que lo llamen adulto, con lo cual siempre vamos a querer ser lo que no somos, y que cada uno que lo acote como quiera.

Violeta Lanza: Parece que se es joven hasta los treinta y tantos. Pues bueno, esto es también bastante discutible, porque mitos como el del “tempus fugit” y el “carpe diem” nos han acompañado desde hace bastante más que el último siglo, y siempre ha existido quien reconoce que ojalá pudiéramos ser siempre jóvenes, o no, ¿quién sabe? Dicho esto, creo que joven de espíritu o joven de cuerpo son términos relativos. Lo importante es que uno sea capaz de entender cuál es su realidad. Igual que aquí en España tenemos una mentalidad desde la cual es más común quedarte en casa de los padres hasta una edad, especialmente ahora con la crisis, en Inglaterra es bastante más normal que en cuanto tienes 18 te vayas a otra ciudad a estudiar, tengas o no universidad en tu propia ciudad.

Adrián Lattes: La sociedad va cambiando y eso define también el concepto de adolescencia. Un niño de nueve años en el siglo XIX estaba trabajando en una fábrica y por lo tanto no podía tener una educación, no tenía tiempo libre, no se podía dedicar a ser adolescente. Seguro que en las altas esferas sí, pero creo que, tal y como la entendemos hoy en día, la adolescencia es más bien un comportamiento moderno. Yo diría que la adolescencia es una edad en la que uno puede elegir más, decidir lo que hará el resto de su vida. Es una opción que antes no existía en el mundo occidental y todavía queda bastante para que se globalice, pero creo que está bien que exista. Es simplemente tener la oportunidad de estudiar; la educación es muy importante, porque si te vas a poner a trabajar directamente, te vas a saltar ese tiempo de estar contigo mismo y con los amigos, de crecer y elegir. Seguro habrá gente que diga: “No, yo siempre he hecho lo que quiero, y quiero seguir siendo adolescente”, y puede ser perfectamente lo mismo, aunque trabajes y lo hayas elegido todo.

Daniel Valtueña: Estoy de acuerdo con que tenemos ese trauma de la Ilustración de querer catalogarlo todo de una manera insufrible; que por otro lado también es útil, por supuesto, pero que a efectos reales no dice demasiado. También es cierto que la adolescencia es una especie de espacio intermedio donde se conforman los gustos, las inclinaciones y el adónde vamos a llegar. Por eso es muy importante cuidar que en esa etapa se forme una identidad cultural; o humana, en el amplio sentido de la palabra: que se ofrezca una oferta cultural extensa que permita a esa adolescencia conformar su identidad.

¿No pensáis que, teniendo en cuenta el 56% de paro, buena parte de esta vuelta a idealizar la juventud tiene un factor económico?

Arane Deltoya: Vamos a ver: es una situación que se ha ido creando a lo largo de los años con trabajos basura, a base de explotar a gente inmigrante, chavales jóvenes, chavales que pueden tener una carrera y no encuentran un trabajo de su carrera. Lleva pasando por lo menos diez años en este país y ha llegado a un punto en que no se puede sostener, porque el que tenía ahora tiene la mitad, y el que no tenía está en la miseria más absoluta. Y de los jóvenes entre 18 y 30, más de la mitad seguro que no tiene un trabajo ni tiene la posibilidad de tenerlo en meses, y en el caso de que tenga formación, ésta es innecesaria, pues le piden experiencia. ¿Se deberían hacer cosas para que la gente joven tuviera trabajo? Sí. ¿Debería haber propuestas de trabajo decentes y dignas para la gente que necesita trabajar? Por supuesto. Que te ofrezcan 400 euros por explotarte más de diez horas al día durante un mes no es buen negocio ni para el que trabaja ni para el que recibe ese trabajo. Hay que ser consciente de lo que hay y de lo que no hay, y en este país lo que hay es mucha caradura y poca gente que quiera trabajar de verdad, y la gente que quiere hacerlo de verdad se va fuera.

Adrián Valtueña: No es sólo la situación de ahora, sino que es muy difícil volver a lo que teníamos, que también era seguramente falso, con el famoso boom del ladrillo. Es una economía que se creó durante unos años, con un montón de derechos después de la Transición que han durado menos de 20 años, o sea, muy poco. Se crearon estos derechos y ahora, cuando baja la economía, se aprovecha para eliminarlos. Habrá que reconquistarlos de alguna manera. Entonces, sí, por supuesto: es el poder económico, siempre; no creo que sea por ninguna intención malvada de joder a los jóvenes, es simplemente sacar más dinero de donde se pueda sacar. Ha bajado la economía y hay problemas, pero sí que se pueden dar ayudas; lo que no les conviene es darlas. Prefieren no dar seguridades, no crear opciones… No es tan simple como que son tiempos de crisis y hay que sobrevivir; la cosa es que te permitan sobrevivir, que aunque haya una realidad económica te respeten dentro de esa crisis.

Daniel Valtueña: Es cierto que probablemente por cuestiones económicas haya que reducir determinados presupuestos y determinadas ayudas, pero lo que hay que pensar es que el dinero que se da a una institución o a un ministerio no sólo es una cantidad en números, sino que va mucho más allá. Es política al fin y al cabo, y la política se encarga de gestionar un país, y en el país es donde al final se construye la sociedad. Personalmente pienso que la generación de nuestros padres, las personas que tienen ahora 40, 50, 60 años, han vivido una época muy buena durante su juventud madura. Aunque no tenían una formación muy grande, porque no todo el mundo podía acceder a la educación, tenían buenos trabajos donde ganaban bastante dinero, podían acceder a un buen número de propiedades, vivían como en una especie de utopía… Pero al mismo tiempo, junto a todas esas cosas que hemos visto eliminadas, hay otras que no y que se siguen dando por hecho, como los presupuestos de los que se benefician tanto la clase política como otras personas que forman parte del Estado, sueldos vitalicios, ayudas o propiedades que se adjudican simplemente por el cargo en el que se encuentran. Obviamente la situación que nosotros vivimos ahora es compleja, porque hemos sido educados en que una carrera debe asegurar el trabajo, una formación tiene que darte de comer de manera directa, y yo con eso no estoy de acuerdo. No porque piense que el que estudia no se merezca trabajar, sino porque las normas que se aplicaban a nuestros padres ahora no sirven: el mundo es diferente. Sólo hay que ver la cantidad de gente que estudia ahora en la universidad y la que estudiaba en esos momentos. Lo que me preocupa es que el paso de las generaciones nos haga olvidar conquistas no ya económicas, sino más bien sociales, que creo que, poco a poco, con la excusa de los recortes presupuestarios, se están destruyendo. Tras la Segunda Guerra Mundial, que fue un duro golpe para la sociedad europea y de Occidente, se llevó a cabo un cambio de mentalidad profundo del que nos hemos beneficiado nosotros cuando éramos pequeños y nuestros padres en su juventud, y me da miedo que las generaciones futuras no tengan en cuenta estos factores y volvamos a necesitar un duro golpe.

Ernesto Castro: Violeta, ¿tienes algún duro golpe que dar?

Violeta Lanza: Que si realmente queremos mejorar las cosas y no quedarnos en la típica crítica que todos soltamos los domingos en la sobremesa, creo que lo que tenemos que empezar a hacer es, más que intentar cambiar el mundo, intentar recriminarle al otro lo que hace mal, y es fundamental que cada uno empiece desde su propia posición: cambiarse a uno mismo, asegurarse de que las cosas que hacemos realmente se hacen bien, con ética, con coherencia y con la mejor de las intenciones.

Ernesto Castro: Quisiera insistir en una cosa que ha dicho Daniel: el agotamiento del paradigma educativo conforme al cual uno estudia una carrera que le garantiza un puesto de trabajo y le lleva a una jubilación. ¿Qué pensáis de la nueva noción de emprendedor: la idea de que cada individuo es una empresa de sí mismo y tiene que sacarse las habichuelas de su propio plato? Junto a esto también os pido pergeñar una reflexión sobre la constitución del joven como cuerpo, los elementos de género y de filosofía en la dimensión física del adolescente, partiendo de que en el FESTeen hay una programación importante en cuanto a deportes.

Arane Deltoya: A ver, empezando por la primera parte, realmente en la sociedad en la que estamos, si no te buscas tú las habichuelas y esperas a que te las saque otro, se te va a joder el culo. Ya nadie hace nada por nadie. Si yo tengo A y tú quieres lo mismo, el tuyo va a ser A+. Entonces, si quieres destacar, si quieres salir de la marabunta, lo que tienes que hacer es ser mejor que el otro o tener una idea más innovadora, algo que te diferencie, con lo cual sí se cae lo de que cada uno es un individuo y su propia empresa, pero cada uno tiene que saber cómo llevar su empresa, y además, enlazando con el segundo tema, un cuerpo sano es una mente sana. Alguien que tiene problemas de peso, anorexia, obesidad o cualquier problema derivado de la falta de ejercicio, tiene un problema. Entre el gimnasio y los libros, hay que tener un equilibrio.

Daniel Valtueña: El emprendimiento se ha convertido en un boom: todo el mundo emprende, las empresas están obsesionadas con crear programas para ello, proliferan los espacios de coworking…Creo que el emprendimiento es muy importante, al menos para mí lo es y lo ha sido, pero es cierto que nace de una carencia educativa. Lo bueno sería que hubiera un equilibrio entre las iniciativas de emprendimiento que están dentro del marco educativo y las externas, aunque por supuesto las que se están llevando a cabo en la actualidad son más que oportunas y muy agradecidas por parte de los que nos beneficiamos de ellas. Por otro lado, en relación al deporte, poco más voy a añadir aparte de por qué ciertos deportes tienen más visibilidad que otros, como nuestras nadadoras que acaban de conseguir unos premios espectaculares, batiendo records increíbles, y se junta en ellas el condicionante de formar parte de un deporte “minoritario” entre comillas y el ser mujeres. Entonces volvemos al debate sobre “qué es lo que quiere la gente”. ¿Tenemos que dárselo? ¿No? ¿Tenemos que orientar lo que quieren? ¿Estamos haciendo una buena labor? ¿Estamos manipulando lo que quieren ver? No lo sé, la verdad, pero creo que sí es importante que el deporte forme parte de la programación de un festival como FESTeen. No lo pondría jamás en duda.

Adrián Lattes: A mí la palabra emprendimiento nunca me ha terminado de convencer. Siempre lo he visto como un “te vamos a enseñar a hacer cosas, vas a crear tu gran proyecto, vas a ser productivo, vas a ser creativo…” Creo que es una visión un poco “americana”, de “estudia una carrera, crea tu proyecto innovador, crea algo que no existe, que te vaya genial y hazte rico”. Simplemente es más fácil ser uno mismo, hacer lo que de verdad quieres hacer y aprender. No tienes que crear nada que no exista ni hacer cosas geniales, porque es ridículo obligar a la gente a estrujarse la cabeza para crear cosas que muchas veces no van a ser capaces de crear. Luego está también el tema de los libros de texto y de lo que decía Daniel sobre la educación para la resolución de problemas. Me parece que sí, que eso falta en el sistema educativo español, pero si sólo te enseñan a solucionar los problemas que te vas a encontrar en la vida, luego… No sé, me parece que hace falta también el contenido, algo no tan práctico, algo de enriquecimiento cultural, de tener ganas de aprender. En cuanto al deporte, soy un ejemplo de fracaso en ese tema. Entrené en el Estudiantes y me fue fatal, me salí porque era el peor de todos, y creo que es un tema sensible porque cuando uno entra a un grupo piensa que tiene que estar como mínimo en la media. Es difícil divertirse si estás por debajo, si eres el peor; hay una dinámica de quién es el mejor, de la competitividad, que está muy bien, pero que es delicada, porque uno muchas veces no se siente cómodo. Luego vas aprendiendo a reírte de tus errores, de lo malo que eres, a divertirte…, pero luego. Ésa es mi experiencia con el deporte, tanto que ahora he pasado a hacer atletismo, que es correr y punto, no hace falta ser bueno en nada. Esto también tiene que ver con el cuerpo, porque cada uno tiene las capacidades que dependen de su cuerpo.

Violeta Lanza: Yo quisiera enfocar la segunda parte de tu pregunta, sobre el tema del género y el cuerpo. Nos ha parecido importante incluirlo en el blog como una manera de difusión, porque la realidad LGBT en la juventud está muy viva. Tenemos la suerte de que nuestra generación está infinitamente más avanzada que las anteriores en ese tema, y sin embargo queda también mucho camino por andar en ese sentido para que un chico o una chica en el instituto, o un niño pequeño, pueda decir “a mí me gustan los chicos, me gustan las chicas o me gustan ambos”, o “tengo un problema porque he nacido con un cuerpo que no es el mío, no me corresponde, soy una persona transexual”. ¿Cómo podemos educar a la sociedad en estos temas? Porque también es muy fácil denunciar la homofobia, especialmente en los tramos de edad más jóvenes; demonizarla y pensar que una persona homófoba es una mala persona. Bueno, ¿quién sabe? Prefiero pensar que el problema está en la ignorancia, en que no se sepa que detrás de estas realidades hay una serie de explicaciones no conocidas, en que una transexual no es un hombre vestido de mujer que va de prostituta y vive así porque es una pervertida. ¿Cómo hacer que la sociedad viva de una manera más sana, más integrada? Pues como se ha hecho toda la vida: educando a los jóvenes, informándoles, construyendo un mundo un poco más inteligente. 

Ernesto Castro: ¿Creéis que nuestra sociedad tiene un problema con unos estándares de salud demasiado elevados que convierten en enfermedad cualquier cosa? O como comentaba Violeta, ¿cómo se enfoca la educación sexual para adolescentes sin que se convierta aquello en un Club de la Comedia? Una enfermedad, o adicción, que se ha acuñado recientemente y que se suele atribuir a la gente de nuestra generación, tiene que ver con las redes sociales; incluso hay un término para ella, “sociofobia”, como una especie de insociabilidad o condición zombi a la que te aboca el estar constantemente pendiente de tu móvil y tu red de Twitter, Tumblr, Facebook, etc. ¿Esta generación no es más sociable porque utiliza las nuevas tecnologías para comunicarse, a diferencia de la anterior que estaba todo el rato sentada delante de la televisión?

Arane Deltoya: Para empezar, la gente que vive pegada al móvil me revienta, porque seremos más educados que la generación anterior, pero somos más inútiles para relacionarnos con alguien cara a cara que con alguien que vive a 500 kilómetros. Se han perdido las buenas costumbres, el saludar, el mirar a los ojos, el tener cierta educación con tu interlocutor y el tener secretos, una complicidad, una conversación, no unos mensajitos con emoticonos. Ahora es todo por WhatsApp, las fotos privadas del Face…Hay chavales que no despegan la cara del móvil, y eso, en reuniones familiares, que tengas tú que ser el que coja al chiquito de trece y le quites el iPhone porque no hay manera de que te atienda o de que te mire a la cara… Sinceramente, se han ganado muchas cosas, pero se han perdido otras con las tecnologías. En cuanto a las enfermedades, hoy los manuales de psicología incluyen tomos extremadamente grandes con cosas tan absurdas como la fobia a los números o al álgebra. Volvemos al tema de que tenemos que etiquetarlo todo, y ahora un niño que antes era el que no se estaba quieto es “hiperactivo”, y el que no habla porque es muy tímido es un “asocial diatrópico” o no sé qué y no sé cuántos. Realmente es lo mismo que hace treinta años, pero con nombres superguays para etiquetarlos y llenarnos de pastillas; son cosas que he vivido y que he visto. Se ha pasado de una sociedad que era sana, que era educada, que era agradable, a una sociedad de gente que no se saluda, que ni siquiera sabe con quién vive en el mismo edificio. Se ha perdido mucho, pero se ha ganado en amor propio y en “yo soy mejor que los demás y vivo en mi burbuja”. Deberíamos hacer una burbuja más grande en la que quepamos todos, porque así no se puede vivir en sociedad, que es realmente lo que diferencia al ser humano de los otros animales. Si no, vamos a llegar a un mundo en el que seremos un rebaño de borregos dirigido por Apple, por el iPhone 27WJK, con el que me voy a hacer un selfie porque me he comprado unas gafas nuevas.

Violeta Lanza: Pues yo no comparto el análisis de Arane. Me parece que es volver a caer en el catastrofismo. Claro que el tema es complejo, como todos los temas importantes sobre los que hay que hablar, pero hablo desde mi experiencia: ¿Qué fue lo primero que hice con mi smartphone cuando lo tuve con internet funcionando y tal? Pues un domingo me fui al Arqueológico y vi una palabra en un cartel que no sabía lo que significaba: “fíbula”. ¿Qué es una fíbula? La busqué en Google en el teléfono y gracias a eso supe que era una especie de pinza que se utilizaba en las túnicas. Es un ejemplo de que las nuevas tecnologías son una herramienta y que uno sabe cómo usarlas bien y cómo usarlas mal, pero desde luego no caería en el análisis de decir que deberíamos volver a como estábamos antes. Creo que la manera como funcionamos y como conocemos no debemos entenderla como una especie de esencia metafísica que está suelta en el universo. La manera en que pensamos funciona de la mano de las herramientas de que disponemos. Así ha progresado el ser humano, empezando, por ejemplo, por el desarrollo de la escritura. Antes de la escritura pensábamos de tal manera que sólo recordábamos las cosas absolutamente importantes. En el momento en el que se desarrolló la escritura fuimos capaces de no necesitar recordar muchas de esas cosas. ¿Por qué? Simplemente porque las teníamos escritas. Por eso creo que tenemos que andarnos con cuidado con los juicios que emitimos acerca de los smartphones, las gafas de Google o lo que sea. Y sí, evidentemente todo tiene sus pros y sus contras. Antes de tener un smartphone reconozco que yo también caía en el análisis simplón de decir: “¡Dios mío, las máquinas nos están conquistando!” Pero no. ¿Qué pasa? Voy en el metro y ¿qué hago? A lo mejor entro en el Twitter. Allí puedo tener a mis amigos, que está genial tenerlos, pero además puedo tener el New Yorker, The Economist,el ABCEl País,y lo utilizo como un método para informarme. O resulta también que tengo allí metidos los emails que me estoy escribiendo con mi abuela, a la que no veo desde hace años. Por eso creo que hay que ser inteligentes en ese sentido, mirar las cosas con calma y decir: vale, esto es muy bueno, pero es malo que sea incapaz de concentrarme en mil cosas. Algo de lo que se habla mucho en las revistas de emprendimiento: la productividad. ¿Es productivo que seas bombardeado de mails todo el rato y que sientas la necesidad de responderlos al momento? Pues no. ¿Es bueno que estés con un amigo y que estés hablando con otra persona al mismo tiempo por WhatsApp? Personalmente creo que no. Al mismo tiempo, no sé. ¿Es necesariamente malo ir con un teléfono en la mano? ¿Es bueno que pasen a formar parte de nuestra manera de pensar? No lo sé, dejo la pregunta abierta.

Adrián Lattes: Estoy de acuerdo con Violeta en que todo tiene sus aspectos positivos y negativos, pero me parece muy optimista pensar que todo el mundo va a ir con el móvil leyendo un libro. Muchas veces voy en el metro y hago lo típico de cotillear. ¿Y qué veo que están haciendo? Están jugando a un jueguecito estúpido de destruir aviones dándole con el dedo. Entonces creo que es peligroso darle a todo el mundo un instrumento con el que se puede pasar el tiempo sin hacer nada. Y lo primero que hago es una autocrítica: yo me paso horas con el ordenador sin hacer nada, mirando tonterías. Pero me siento mal de no estar leyendo un libro. Con lo que sí estoy de acuerdo es que lo importante es leer el libro, no importa si lo haces en tu tablet. También me parece que ha cambiado la concepción del tiempo: en cuanto todo es instantáneo, todo nos llega al instante, lo que me parece un poco peligroso es  que no paremos, que estemos todo el tiempo conectados. Me parece muy bien el paseíto que te hacías antes al quiosco a comprar el periódico en vez de estar todo el tiempo en el sofá, teniéndolo todo al alcance de tu portátil. Luego es saber darle un uso consciente: antes de encender el ordenador, ¿qué voy a hacer con él?, ¿qué es lo que de verdad me interesa?

Daniel Valtueña: Para mí, el hecho de poder hablar con cualquier persona en el momento, de que inmediatamente, cuando me acuerde o me venga a la cabeza esa persona, pueda preguntarle qué tal está o contarle cómo estoy yo, o poder hablar con alguien que está lejos de aquí, que no puedo encontrarme con ella físicamente sino verla a través de Skype, etc., para mí son fundamentalmente beneficios en cuanto a relaciones personales. Es más, creo que de hecho nos enriquece mucho, porque al final aprovechamos mucho más el tiempo con las personas con las que queremos aprovecharlo. En cuanto al buen o mal uso de las nuevas tecnologías en relación con la cultura, me está viniendo a la cabeza el tema del libro del que hablaba Adrián, que da igual el formato, porque he puesto una cara un poco rara. A veces soy muy reacio a ellas, y para mí, concretamente el libro, es algo que debe leerse en formato físico.