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Quimera: Revista de literatura, núm. 339, 2012, pág. 70.

«Populismo táctico (o cómo darle una patada en los huevos a un rico): Reseña de Cleptopía, de Matt Taibbi»

Olvídate de la saga Crepúsculo. Cleptopía, el libro de Matt Taibbi sobre la crisis económica de 2008, es una de las mejores historias de vampiros que se han escrito. Sus páginas están repletas de cuentos de terror para mear y no echar gota, entre los cuales destaca el relato de cómo Goldman Sachs, AIG, Citigroup y cía. se hicieron con el poder de las finanzas internacionales y arruinaron la economía mundial. El origen de todo esto se remonta a la década de los ochenta, coincidiendo con la revolución de los gerentes que Luc Boltanski y Ève Chiapello describen en su libro El nuevo espíritu del capitalismo, cuando una panda de yuppies adoctrinados en el objetivismo neoliberal llevó a cabo la «rebelión de Atlas» que propugnaba su amada líder Ayn Rand; lo que en terminología marxista se conoce como «guerra de clases desde arriba». La estrategia que adoptaron quienes, en los últimos treinta años, han sido responsables de hasta tres crisis financieras es, en verdad, muy sencilla: aprovechar los sectores financieros con menor regulación estatal para obtener grandes beneficios a corto plazo mediante inversiones que, cuando no traicionaban toda ética empresarial, violaban cualquier prudencia financiera, a sabiendas de que, en caso de que todo se fuera al garete, todavía contarían con el dinero de los contribuyentes, que fluiría de la Reserva Federal a su bolsillos. Como así fue. Un negocio redondo, un crimen perfecto. Privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

Nada, por otro lado, que no supiéramos ya. Vivimos en la época del capitalismo global financiero, sustentado sobre una economía de casino y una democracia del espectáculo mediático, donde las principales inversiones se realizan no en los sectores de la economía real destinados a la producción de bienes tangibles, sino en el mercado de los bienes inmateriales: un coto de caza ideal para todas esas aves de rapiña que desean obtener pingües beneficios a corto plazo, pero no quieren arriesgarse contratando trabajadores asalariados que tarde o temprano lucharán por sus derechos. La burbuja de las puntocom primero, y la especulación inmobiliaria más tarde, hicieron realidad por un momento, al menos a ojos de la ideología dominante, aquello que Karl Marx consideraba técnicamente imposible: un crecimiento económico basado en el mero intercambio de valores epistémicos tales como el riesgo, la incertidumbre, la confianza y el crédito. En realidad, la revalorización del capital financiero a un nivel constante durante toda la década de los 2000 fue posible gracias al endeudamiento de las familias, al menos hasta la caída de Lehman Brothers, y a partir de entonces gracias al endeudamiento de los Estados. Y en esas estamos.

De la redacción de Cleptopía cabe destacar su falta de modales y su abundancia de argumentos. Taibbi ofrece una lección magistral de cómo suscitar en el lector un sentimiento de indignación con fundamento empírico. Mientras expone los entresijos de la crisis financiera desde una perspectiva sistémica y global, el autor no escatima en insultos cuando se refiere a los culpables de la actual depresión económica. A Joseph Cassano (jefe de operaciones financieras en AIG) le llama «tarado»; a Lloyd Blankfein (presidente de Goldman Sachs) le dice «hijo de puta»; a Win Neuger (director de AIG) lo describe como un «bufón egomaniaco»; y a Fabrice Tourré (broker estrella de Goldman Sachs) le tilda de «caricatura animada de un rico gilipollas y arrogante». Pero es Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal y discípulo directo de Ayn Rand, quien se lleva la palma. «El mayor capullo del universo», según Taibbi. Así pues, este libro es una muestra brillante del populismo táctico como estilo literario óptimo para la redacción de textos políticos que sepan —parafraseando a Horacio— enseñar cabreando. Cleptopía transgrede con claridad y contundencia las normas de cortesía que mutilan el pensamiento antagonista y refuerzan la tiranía de lo políticamente correcto. Pues también es corrección política, solo que de derechas, el llamar «expediente de regulación del empleo» a los despidos masivos o «periodo de crecimiento económico negativo» a la crisis financiera más grande que ha visto Occidente desde 1929. Este tipo de eufemismos contribuyen a reemplazar la sensación de injusticia de las clases subalternas por el sentimiento de compasión hacia los privilegiados. Como dice Matt Taibbi: «Puedes reírte del pelo de Donald Trump, incluso puedes hablar en abstracto de la economía de clase utilizando términos asépticos como “desigualdad de ingreso”. Pero en nuestros medios de comunicación no puedes pegarle una patada en los huevos a un rico. No puedes usar el lenguaje de la guerra de clases. El tabú no es tanto el contenido, el tabú es el tono».