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Revista Mombaça, núm. 8, 2009, págs. 45-47.

«Polémica interpretación de lo bizarro»

De ahí la proliferación de guarniciones aisladas del Hinterland en presidios dependientes del exterior hasta para obtener la cal precisa para construir fortificaciones. Ello determina un escenario perfecto para resistencias insensatas [en la época de Carlos V]. Los españoles, expertos desde siempre en inmolarse por causas perdidas, sabrán morir solos, rodeados por un adversario abrumadoramente superior en número, sin esperanza de socorro.
Julio Albi de la Cuesta

A medio camino entre el exceso barroco y la excéntrica valentía, el sentido de lo bizarro es, por decirlo en la jerga heideggeriana, la presencia de una ausencia que posee un carácter inhóspito (lo un-heimlich freudiano). Me explico: a pesar de la polisemia del término, todas sus posibles significaciones apuntan al hispánico modo de concebir la exterioridad, como escisión interiorizada. En efecto, si en algo parecen coincidir las diversas etimologías ofrecidas sobre lo bizarro, es en marcar su extranjería. Las referencias a lo esforzado, excéntrico, incluso “valiente y osado”, apuntan a que se trata de un término exportado en medio del combate con el enemigo. En este sentido, interpretamos lo bizarro como la caracterización polemológica de lo hispano. De hecho, el modo de estrategia bélica desarrollado por los habitantes la Península a lo largo de la Historia coincide perfectamente con cualquier encarnación posible de lo bizarro: la fortificación y la guerra de guerrillas. Estas dos estrategias, que parecen en un primer momento contrapuestas —el posicionamiento frente al hostigamiento atópico—, comparten, en realidad, un mismo fundamento: nos encontramos ante ejercicios de reconstrucción de lo patrio en medio del combate con el extraño. Volvamos a Heidegger: aquello que se presenta en ambas estrategias de combate es la ausencia de valentía encarnada en la elusión de un enfrentamiento en igualdad de condiciones, a campo abierto, en el rifirrafe de las formaciones; aquí se presenta la asunción de un solipsismo polemológico, un "en-si-mismamiento" o reclusión de las fuerzas políticas al substratum tópico de lo patrio, bien sea este el monte no hollado por los conquistadores enemigos o la caverna platónica contemporánea que llamamos bunker.

La fortificación recorre el panorama nacional desde el imaginario de la defensa numantina hasta los restos ctónicos de los "blocaos" guerracivilistas, pasando por los castillos de Castilla; estos últimos construidos durante una reconquista que constituye la expresión paradigmática de la imposición nómica por parte de un orden feudal que constituye el primer puntal de la geometrización social llevada a cabo por el Estado Moderno. También cabe realizar una interpretación de la fortificación desde una clave teológico-somática que de nuevo nos remita a las raíces patrias. Estamos hablando de la radicalización del soma esti sema platónico (el cuerpo como cárcel del alma) en clave cristiana. Así, Santa Teresa de Jesús introducirá la escisión con el medio en la interioridad espiritual al definir el alma como morada de Dios, lugar de reclusión y descanso en la busca de la verdad también para Agustín de Hipona. El alma-fortaleza constituye, por lo tanto, el paradigma del posicionamiento defensivo donde encontrar lo propio, sólo posible gracias a la relación de antítesis respecto de lo de ahí-afuera. En el plano polemológico encarnan la impotencia del poder beligerante: concebidas como fuerzas de poder atomizadas, autónomas y autosuficientes, nos encontramos ante edificaciones construidas ya como ruina, cripta, hermano subdesarrollado de la morada, cuyo destino último es el de “ser tomada”, tal y como afirmó Vauban, commissaire-general des fortifications de Luis XIV y padre del “acercamiento sistemático por paralelos”, paradigma de asedio a fortificaciones hasta el s. XX. La historia reciente nos confirma la veracidad de tal afirmación. De hecho, la resistencia posicional ya constituye in nuce el principio de la derrota (véase el bunker hitleriano frente a la “horda” soviética, ese animal de rapiña, “forma suprema de vida movediza”, como diría el filósofo nazi Oswald Spengler).

“Gracias a las disposiciones, las tropas de un ejército victorioso son como las aguas que, acumuladas en lo alto, se precipitan impetuosamente hacia el valle”. Estas sabias palabras de Sunt Tzu (mas tarde mediatizadas por el be water my friend de Bruce Lee) en un primer momento parecen constituir el esquema que rige la conducta hostigadora y sorpresiva de los ataques a la retaguardia francesa pergeñados por el ejercito irregular español durante la “Guerra de Independencia”. Sin embargo, los padres de la guerra de guerrillas violan uno de los dogmas del Arte de la Guerra: “procurar una victoria rápida y no una guerra prolongada”. Así, de modo análogo a blocao, cuya construcción inamovible presupone la imposibilidad de la paz y una perspectiva de la guerra sub specie aeternitatis, como una continua disposición a la vigilancia y el ocultamiento-reclusión; la guerrilla es el momento donde la guerra sólo puede finalizar por desgastamiento o tedio. La estructura de la guerrilla presupone que el conflicto no se trata de una disposición circunstancial, sino que es asumida como una forma de vida. La guerrilla, como el terrorismo, inserta el conflicto en el seno de la vida cotidiana desde el momento en que cualquiera puede formar parte del conflicto, bien como guerrillero, bien como espía, bien como víctima colateral de un conflicto que aparentemente no le pertenece. El poder de la guerrilla tiene un carácter puramente potencial, dañando más la moral que la fuerza efectiva del contrario. De nuevo nos encontramos con una gallardía esforzada que vela el miedo al enfrentamiento “justo”. 

Bizarro (y aquí hablo del blog procesual: http://contuberniocanibal.blogspot.com) se articula a medio camino entre estos dos elementos, a saber, el posicionamiento solipsista de la fortificación y la lógica conspiratoria del hostigamiento guerrillero. En efecto, lo bizarro se encuentra profundamente relacionado con el espíritu blogger, esa escritura privada, exhibida en medio del espacio público, dirigida “a la Humanidad” y recibida por “casi-nadie”; supone un posicionamiento ante los demás de nuevo defensivo y ofensivo, gallardo y cobarde al mismo tiempo, una exhibición que, dentro de la sobreexposición informática (e informadora) contemporánea, se torna objeto de archivo, de ocultamiento y de gestión privada. Así, la estética de lo relacional, procesual y de autoría múltiple genera, en última instancia, espacios como Bizarro, de afirmación del ego por parte de cada uno de los miembros. “Cada loco con su tema”, no lo voy a negar; Bizarro se trata de un espacio de revolución personal y de pulso entre amigos. Somos ocho los integrantes del espacio y muchos de nosotros no escribimos si no hay un par de posts previos con los que medirse. Así reclamamos nuestro derecho a entrar en la bizarría. No es casualidad que entre las numerosas figuras mentadas en el heteróclito despliegue de este espacio se encuentre el guerrillero salmantino Julián Sánchez el Charro, que ha servido de inspiración al también salmantino artista, Domingo Sánchez Blanco. Y esto es sólo el comienzo. Seguiremos fortificando/hostigando sobre ello.