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en Ismael Crespo Amine y José Carlos Cañizares Gaztelu, Ultrarracionalismo, Delirio, Salamanca, 2019, págs. 341-387.

«Epílogo: Dos o tres anécdotas ultrarracionales»

Hay muchas formas de ver la literatura. Yo la veo como una necesidad de expresarme, ni muy moralizante, jeje, no podría, ni tampoco como medio exclusivo de la vanidad personal. Aunque un poquito de eso hay, cómo negarlo.
José Carlos Cañizares1

1 James Döppelganger, El útero forzudo del precariado, Madrid: Homo Velamine, 2017, p. 62.

I.

Murcia, octubre de 2014. Un tipo alto y con barba se pasea por un escenario mientras pasa diapositivas haciendo un gesto de “¡Adelante!” con el brazo y habla a un micrófono con un estilo retórico a caballo entre la Ethica more geometrico demonstrata y los Monthy Python. Las diapositivas pasan de una foto en la que aparece una estatua de madera del arcángel San Miguel a la que están haciendo un TAC (Tomografía Axial Computarizada) a una foto en la que aparece una bolsa de papel con la inscripción “Burguer King Scholars”. Un poco antes, el tipo alto y con barba ha dicho que, “por el mero afecto o propiedad retórica de un objeto, nosotros nos vemos emocionados ante su presencia y reaccionamos como verdaderos creyentes, en el sentido de que realmente yo puedo hacer barbaridades si alguien trata de lastimar a mi objeto de deseo. Y esto no nos tenemos que ir muy atrás en el tiempo ni muy lejos en el espacio para ver cómo se produce. Incluso dentro de esta misma conferencia se puede producir”. Y luego se ha preguntado retóricamente:

—¿Tenemos una ciudadanía entrenada en los mecanismos de decisión, que puede controlarse a sí misma controlando la naturaleza de las decisiones y por lo tanto ejerciendo su libertad de elección de una manera responsable? —Pausa dramática—. ¿Hay alguna diferencia entre los mecanismos de voto actuales y los mecanismos de participación de Se llama copla? Yo creo que no; bueno, sí: la gente que llama a Se llama copla sabe de copla bastante —Y entonces el público ha estallado en carcajadas.

Estamos en el CendeaC (Centro Nacional de Documentación y Estudios Avanzados en Arte Contemporáneo), en la tercera sesión de España sin (un) Franco, un congreso de pensadores españoles nacidos a partir de 1975 que yo he organizado junto con los gestores del Centro (Javier Fuentes Feo y Antonio Hidalgo Pérez).2 La idea se me había ocurrido dos años antes, en el verano de 2012, después de que el bibliógrafo colombiano Alberto Sánchez Galeano (1990) propusiera celebrar un congreso generacional en su país bajo el título de “El síndrome Uribe”. A Sánchez Galeano le había influido la lectura de ¿Qué fue lo hipster?, de Mark Greif, y de Dejad de lloriquear, el libro en el que la ensayista alemana Meredith Haaf (1982) retrataba las luces y las sombras de nuestra generación. Animado por estos modelos, yo le propuse al CendeaC organizar un congreso que, en principio, se iba a titular “El síndrome Zapatero” o “Del Prestige a Bankia: crónica de un hundimiento anunciado (2002-2012)” y en el que, originalmente, solo iban a participar ensayistas nacidos durante las décadas de 1980 y 1990.3

2 Unos días después de la celebración de España sin (un) Franco, la consejera de Cultura no le renovó el contrato a Javier Fuentes Feo como director del CendeaC. Los medios de comunicación unieron la línea de puntos y dijeron que el Partido Popular, que entonces gobernaba la Región de Murcia, nos había censurado por haber llevado a Íñigo Errejón al congreso. Aunque posteriormente los tribunales confirmaron que el de Fuentes Feo era un despido improcedente, yo reitero ahora, cinco años después, las palabras que escribí entonces: “España sin (un) Franco quería ser un congreso incómodo… y vaya si lo ha sido. Incómodo para las autoridades, que no quisieron personarse a presentarlo. Incómodo para los ponentes, que tuvieron que hacer frente a posiciones analíticas e ideológicas hasta entonces desconocidas para ellos. Porque no solo de Iñigo Errejón vive (o muere) un congreso polémico. También hubo ultrarracionalistas, polanyianos, anarcocapitalistas y otras tantas escuelas igualmente incómodas para el statu quo. Con todo, yo no me apresuraría a establecer una relación causal directa entre la celebración del congreso y la no renovación del contrato de Fuentes Feo. Ojalá la reflexión tuviera el poder de mover a la acción, aunque fuera la acción de reprimir esa misma reflexión, pero mucho me temo que detrás de todo esto llegue a haber motivos mucho más prosaicos. […] Alejandro Magno no nos quita el sol, pero tampoco vamos nosotros a cobijarnos bajo su sombra”. 

3 Cfr. Mark Greif, ¿Qué fue lo hipster?, trad. de Jon Bilbao, Barcelona: Alpha Decay, 2011; Meredith Haaf, Dejad de lloriquear, trad. de Patricio Pron, Barcelona: Alpha Decay, 2012

Con CendeaC yo ya había puesto en marcha D.Nuevo Ensayo, una serie de presentaciones de libros escritos y publicados por jóvenes ensayistas en las que el autor no se limitaba a recibir los elogios de los presentadores, sino que tenía que responder a las objeciones planteadas por dos especialistas en su propio campo de investigación, a la manera de la vieja y venerable disputatio escolástica.4 La primera de esas disputaciones tuvo como objeto mi ensayo Contra la postmodernidad, duramente criticado por Quintín Racionero, el generoso catedrático de Filosofía de la UNED, que entonces se encontraba muy malito de cáncer (moriría a los pocos meses, en octubre de 2012), y por Gustavo Sanromán, un libertario comunitarista gallego cuyos extensos comentarios en mi muro de Facebook me habían encandilado.5 La primera vez que lo vi, en Murcia, unos minutos antes de nuestra disputación, me dijo:

4 Años más tarde, en diciembre 2016, en mi curso de Historia de las filosofías de las artes, yo repetí ese formato medieval al invitar a una última clase de objeciones y respuesta a José Luis Vila, un psicólogo gallego enemigo de la fenomenología que comentaba (o, mejor dicho, troleaba) mi muro de Facebook bajo el nombre de Jack Canguro Podacter Retroborroso Segundo. No me preguntéis por qué mis mejores trols vienen de Galicia.

5 Cfr. Ernesto Castro, Contra la postmodernidad, Barcelona: Alpha Decay, 2011.

—Gracias por convertir a este trol de las redes sociales en el ponente de un congreso.

En eso también consistió España sin (un) Franco: en darle una oportunidad académica a todos esos pensadores que no tienen otro lugar en el que expresarse que no sean las redes sociales, en rescatar institucionalmente a toda esa generación de intelectuales que han quedado reducidos a la condición de trols por las inercias endogámicas de la industria editorial y del Ministerio de Educación y Cultura. El implacable ninguneo al que ha sido sometida mi generación durante esta última década ha hecho que ni entonces (en 2012) ni ahora (en 2019) sea imposible organizar un congreso potable y exhaustivo de ensayistas millennials, ya que la mayoría de ellos se encuentran autoinvisibilizados detrás de un pseudónimo o un alter ego digital. Yo he visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por internet.

Como no había quorum para hacer un congreso estrictamente generacional, ampliamos la fecha de nacimiento de los participantes en España sin (un) Franco hasta el año de la muerte del dictador. De este modo pudimos invitar a todos esos pensadores de izquierdas que, con más de treinta años, habían empezado a descollar mediáticamente a partir del 15-M, tales como Íñigo Errejón, César Rendueles o Isidro López, que a lo largo de 2014 se habían convertido en los intelectuales orgánicos del recién fundado partido Podemos. De hecho, España sin (un) Franco tuvo lugar los tres días previos a la primera asamblea general de esa formación política, celebrada en el Palacio de Vistalegre de Madrid los días 18 y 19 de octubre de ese año.

No fue imprevisto, por lo tanto, que algunos de los ponentes no vinieran al congreso a discutir y a reflexionar, sino a soltar pura y dura propaganda. César Rendueles concluyó su conferencia arengando a las masas a pasar de la ocupación de las plazas a la toma de los palacios, refiriéndose a la evolución del movimiento de los indignados desde las acampadas de 2011 hasta las elecciones de 2015; Isidro López hizo oídos sordos a los argumentos de su contertulio, el economista ultraliberal Juan Ramón Rallo, aduciendo que su “liberalismo utópico” no merecía la pena ni siquiera ser refutado; e Íñigo Errejón, ni corto ni perezoso, nos obligó a retrasar media hora el congreso al convocar una asamblea del Círculo Podemos Murcia justo delante de la puerta del CendeaC.

La asamblea fue un monólogo de Errejón diciendo que los líderes políticos deberían hablar menos y escuchar más. No se aplicó el cuento. Entonces reconocí la enajenación colectiva y el resentimiento individual de los que tanto hablan los sociólogos y los psicólogos. Mientras Errejón hablaba, los podemitas le escuchaban con el silencio de los corderos; pero, en cuanto el líder político enmudeció y la masa se disolvió, los mismos individuos que le habían contemplado con cara de pastorcillo ante el Niño Jesús farfullaban y mascullaban:

—Acho, este zagal es gilipollas.

Después de muchos insultos al núcleo irradiador, los podemitas entraron en el CendeaC y comenzó la tercera sesión de España sin (un) Franco. Yo había ordenado las intervenciones de los ponentes para que antes y después de la conferencia de una persona famosa interviniera alguien menos conocido; de modo que, si querías ver a César Rendueles, tenías que aguantar a Carlos G. Fuertes (alias Matzerath), y si querías ver a Íñigo Errejón, tenías que tragarte a José Carlos Cañizares (aliasJames Döppelganger); dado que las sesiones eran continuas y duraban cinco horas, con cuatro turnos de palabra para el público y una mesa redonda final entre todos los ponentes de la sesión.

De modo que aquí estamos, en Murcia, en octubre de 2014, escuchando cómo Cañizares da su conferencia “El Estado como objeto: fundamentos y recomendaciones para una política ultrarracional”. La conferencia tiene una estructura deductiva y Cañizares comienza como si fuera un racionalista del siglo XVII, definiendo axiomáticamente lo que es un objeto y lo que es un sujeto: los objetos tienen propiedades; los sujetos, capacidades. Los sujetos pueden entablar relaciones con los objetos por medio de acciones. Hasta aquí todo bien. Partiendo de la distinción de Charles Sanders Peirce entre tres dimensiones del lenguaje —la dimensión lógica (relativa a la verdad), la dimensión semántica (relativa a la referencia) y la dimensión retórica (relativa a la persuasión)—, Cañizares simplifica y extrapola este esquema a la totalidad del mundo y habla de la doble significación o inscripción de los objetos. Según esta teoría, las propiedades del objeto se dividen, por un lado, en su significación o inscripción técnica, que agrupa las dimensiones lógica y semántica de Peirce; y, por el otro lado, en su significación o inscripción retórica. Así, por ejemplo, una botella de Font Vella tiene propiedades técnicas tales como la composición química del agua (H2O) y propiedades retóricas tales como el latiguillo edificante del envoltorio (“El agua de tu vida”).

 Por su parte, las capacidades del sujeto se dividen en dos tipos de matrices según el tipo de propiedades del objeto con el que entablen alguna relación: la matriz de capacidades psicomotoras establece una relación de saber hacer con sus propiedades técnicas, mientras que la matriz de capacidades deseantes establece una relación de afecto con sus propiedades retóricas. Además de estos dos tipos de capacidades orientadas hacia el objeto, el sujeto tiene una capacidad orientada hacia sí mismo: el pensamiento, comprendido este como la capacidad de automodificación del sujeto. Partiendo de la distinción de Daniel Kahneman entre dos sistemas de pensamiento —la intuición (rápida, paralela, automática, etc.) y la razón (lenta, consecutiva, controlada, etc.)—, Cañizares define la libertad como la capacidad para hacer el máximo uso de razón.6 En este sentido, el sujeto pierde su libertad y se convierte en un objeto en cuanto opera sobre él un esquema de fidelización o un compromiso social que transforma sus capacidades en propiedades y su razón en intuición. La parte central de la conferencia analiza justamente cómo operan los esquemas de fidelización o los compromisos sociales de las diversas esferas que componen la sociedad humana, objetualizando y privando de su libertad a los sujetos, al mismo tiempo que subjetivando a sistemas integrados de objetos tales como la religión, la ciencia, la industria, el espectáculo o el Estado.

6 Cfr. Daniel Kahneman, Pensar rápido, pensar despacio, trad. de Joaquín Chamorro Mielke, Barcelona: Debolsillo, 2013.

Los sistemas integrados de objetos tienen, en resumidas cuentas, las siguientes características. En primer lugar, son intransitivos en el sentido de que son insustituibles. “La religión”, afirma Cañizares, “no es una caja de clavos”, ya que esta última es transitiva o sustituible, mientras que aquella no (“Dios ha muerto, ¡larga vida a Dios”).7 En segundo lugar, los sistemas integrados de objetos funcionan conforme a protocolos compuestos básicamente por un conjunto de procedimientos (protocolos técnicos) y un conjunto de ideologías (protocolos retóricos). En el mundo de la televisión, por ejemplo, los protocolos técnicos serían la legislación acerca del horario infantil, en el que, en principio, no deberían aparece imágenes sexuales o violentas, mientras que los protocolos retóricos son la forma en que, no obstante, esas imágenes aparecen de manera más o menos subliminal en ese horario. En tercer lugar, los sistemas integrados de objetos tienden a generar “estratificación, interoperabilidad y normalización” por la parte del productor a la vez que un “desvanecimiento técnico” y una “inmediatez retórica” por el lado del consumidor. Así, pongamos por caso, la producción de un inodoro inteligente implica la coordinación de multitud de agentes económicos (imaginemos que el inodoro se diseña en San Francisco, se financia en Londres, se fabrica en Cantón y se transporta a Tokio), mientras que su consumo estriba en apretar un botón y dejar que un chorrito de agua te limpie el ano. Un e-water es un rompecabezas industrial para el productor, mientras que para el consumidor es —en palabras de Cañizares— “una auténtica estación del placer”.

7 En la diapositiva en la que Cañizares compara la religión con una caja de clavos figura el siguiente silogismo existencial futuro: “Si existe y es transitivo, será vendido; si es transitivo y vendible, va a existir”. Que cada quien lo entienda como pueda.

En todo sistema integrado de objetos hay, por lo tanto, un nivel lego (el del creyente, el del estudiante, el del consumidor, el del público, el del votante) y un nivel experto (el del sacerdote, el del científico, el del productor, el del artista, el del político). Para analizar la religión, la ciencia, la industria, el espectáculo y el Estado como sistemas integrados de objetos, Cañizares presenta cinco tablas, cada una de ellas compuesta por cuatro casillas que se forman al cruzar los dos tipos de niveles (el lego y el experto) con los dos tipos de protocolos (el retórico y el técnico). Y es entonces cuando el público empieza a reírse ante los ejemplos, pero no porque Cañizares quiera hacerse el chistoso, sino porque es la propia realidad la que resulta cómica. Entre los ejemplos más desternillantes se encuentran los que ilustran el funcionamiento de los protocolos retóricos en el campo de la ciencia: Indiana Jones para los legos y el Premio Nobel para los expertos. Ahora en serio: ¿cuántos estudiantes se habrán matriculado en la carrera de Medicina por Anatomía de Grey, en Química por Breaking Bad, en Matemáticas por Una mente maravillosa, en Arqueología por Indiana Jones?; ¿cuántos físicos, escritores y economistas seguirán publicando con el sueño de ser galardonados algún día por la Academia Sueca?

—¿Qué sería de ese genio que no tuviera la aspiración de tener un Premio Nobel? —se pregunta Cañizares—. Pues a lo mejor decía: “Quillo, me dedico al fútbol”. Sin embargo, si a mí me ponen fotitos de Einstein y de Harrison Ford diciendo cosas guais, y yo voy a tener la aspiración de tener un premio Nobel, yo voy a trabajar obviamente conforme a los requisitos de utilidad de este sistema de producción científica.

Pero los sistemas integrados de objetos no operan solo conforme a protocolos retóricos; también conforme a protocolos técnicos tales como la jerarquía de las burocracias administrativas en el ámbito del Estado, la dogmática de los tratados teológicos en el ámbito de la religión o la indexación de las revistas académicas en el ámbito de la ciencia. Acerca de esto último, la subdivisión del conocimiento en campos de investigación cada vez más especializados, en los que la verdad y el saber se cuantifican en número de becas obtenidas y de papers publicados, Cañizares se lamenta acerca de la situación de su propia disciplina:

 —Un filósofo, al menos tal y como la filosofía era entendida desde la Antigüedad hasta la Modernidad, aspira a algo así como la unidad del saber. ¿Y qué es la unidad del saber? Obviamente eso es una patraña hoy. Porque, claro, vete a leer todo lo que está produciendo la academia: no vas a hacer nada; no vas a decir nada más que vaguedades; vas a acabar loco. Pero en el siglo XVII gente como Gottfried Leibniz tenía esa manía: una integración total de conocimiento, un saber completo (y consistente, si nos permitís).

Ahora bien, aunque Cañizares no lo dijo explícitamente en 2014, para comprender el funcionamiento de estos sistemas integrados de objetos es necesaria la filosofía. La filosofía, no tanto como un saber de todas las cosas, sino más bien una sistematización de la confusión y de la ignorancia que subyace a las intuiciones del sentido común. En esto consiste básicamente lo que en Ultrarracionalismo se llama “etnofenomenología”: en una exposición de “las cosas mismas” desde el sesgado lenguaje del pueblo. Por ese motivo, José Carlos Cañizares e Ismael Crespo Amine recurren expresiones retóricas y plebeyas como “Mesacamilla Politics”, “Piscina de Bolas” o “MundoBalneario”, en vez de utilizar términos más técnicos y refinados, porque en la sociedad en la que vivimos son menos relevantes las propiedades técnicas de los objetos que sus propiedades retóricas, que son las que en última instancia generan compromisos sociales y esquemas de fidelización, contribuyendo decisivamente a la subjetivización de los objetos y a la objetualización de los sujetos.

—¿Ustedes creen que el Edicto de Worms o la obra de Santo Tomás de Aquino dilucida el ser como grupo del clero? Por supuesto que no. Lo que sí lo hace son este tipo de concilios —apunta Cañizares, señalando a una representación pictórica del Concilio de Constanza—, donde todo el mundo va con unos gorritos superbonitos, colocados en una iglesia realmente maravillosa, organizados como una orquesta, con un procedimiento perfectamente calculado de pasos retóricos donde todo consiste en un marcado somático progresivo de las personas para que respondan de manera adecuada en momentos adecuados. Esto es la construcción de una comunidad. Esto es lo que en filosofía llamamos “religatio”.

Fue en ese momento, en el que Cañizares profirió la palabra “religatio” y explicó que toda comunidad se basa sobre las emociones y los sentimientos (“No vamos a construir una comunidad dialogando y estableciendo unos parámetros perfectamente racionales de silogismos en los que cada persona va a hacer el contraejemplo del anterior perfectamente encajonado en un esquema técnico”, dijo Cañizares), que Íñigo Errejón, que estaba en la primera fila del público y hasta entonces no había prestado atención a la conferencia, comenzó a asentir con la cabeza. Resulta ciertamente cómico que Errejón haya apostado por los emociones y los sentimientos en casi todas las campañas de Podemos que ha dirigido (“¿Hace cuánto que no votas con entusiasmo?”, fue el eslogan de las elecciones europeas de 2014; “La sonrisa de un país”, el de las generales de 2016) siendo él tan poco empático y carismático en persona ­—en más de un mitin se le ha podido ver con los brazos cruzados y el entrecejo fruncido mientras sus compañeros se abrazaban y coreaban una coplilla en catalán—.8 Cualquiera diría que fue España sin (un) Franco el que le convenció de la importancia de las emociones y los sentimientos en política. Sea como fuere, la conferencia de Cañizares engarzó milagrosamente con una corriente filosófica de la que entonces no teníamos ni idea —ni él, ni yo, ni nadie de los que estábamos en el CendeaC—: el giro afectivo, una corriente filosófica surgida a mediados de la década de los 90 que parte del célebre dicho de Baruch Spinoza (“Nadie sabe lo que puede un cuerpo”).9

8 Íñigo Errejón suele que en política hay que ir “con el paso corto y la mirada larga”. Lo que no suele decir es la segunda parte de esa frase, acuñada por un maqui que dijo haber sobrevivido a la Guerra Civil Española “con el paso corto, la mirada larga, la cara del bobo y el diente del lobo”. A Errejón lo único que le falla es la cara.

9 Cfr. Melissa Gregg y Gregory J. Seigworth (comp.), The Affect Theory Reader, Durham y Londres: Duke University Press, 2010, p. 3. Dicho sea de paso, estas autoras del giro afectivo malinterpretan la frase de Spinoza, como si este dijera que los cuerpos pueden hacer cualquier cosa porque no están determinados, como si la Ética fuera un ensayo de teoría queer del siglo XVII, cuando, en verdad, en ese libro se expone una teoría determinista según la cual toda libertad —incluida la libertad de cambiarse de sexo/género— es una ilusión, una ignorancia de las causas que nos determinan necesariamente. Otra cosa es que Spinoza diga en ese mismo escolio que “la fábrica del del cuerpo humano […] supera con mucho en artificio a todas las cosas fabricadas por el arte de los hombres” (Ethica, par. III, pro. 2, esc.); pero antes de ver aquí un constructivismo cultural rampante habría que comprender qué se entendía en 1677 por “natural”, “artificial” y “fábrica”. En fin, no hay que pedirle peras al olmo; ni a los teóricos y artistas contemporáneos el haberse leído —aunque sea para malinterpretarlos creativamente— a los filósofos clásicos que no paran de citar de segunda mano.

Esta capacidad para engarzar con corrientes filosóficas coetáneas relevantes, que no necesariamente se conocen en el momento, ha sido una de las características de Cañizares y, en general, del ultrarracionalismo. La exposición de las posibilidades lógicas de un sistema mediante el cruzamiento de dos o más parámetros en una tabla —que tanto me impresionó de la conferencia de Cañizares— es un formato expositivo habitual en la obra del filósofo español más importante de la segunda mitad del siglo XX, Gustavo Bueno, a quien yo no empecé a leer hasta mediados de 2015. Y las propuestas de analizar al Estado como un “objeto entre objetos” y a la libertad como “el ejercicio óptimo de la razón” encajan respectivamente dentro de la ontología orientada a los objetos y del neorracionalismo, dos de las corrientes filosóficas más interesantes de esta década de los 2010 que ya llega a su fin, a dos de cuyos autores (Graham Harman y Ray Brassier) yo terminé dedicando parcialmente mi tesis.10 Hasta 2016 ni yo ni Cañizares oímos hablar de ellos.

10 Cfr. Ernesto Castro, Realismo poscontinental: ontología y epistemología para el siglo XXI, Segovia: Materia Oscura, en imprenta, cap. 3 y 4.

Hay algo de vanguardista, y a la vez de espíritu de época, en muchos aspectos del ultrarracionalismo, pero probablemente en ninguno más que en su crítica a la democracia. Hoy muchos temen que el modelo de gobierno hegemónico en Occidente desde la Segunda Guerra Mundial no solo no va a evitar que los extremistas lleguen al poder, sino que incluso lo va a fomentar y a promover. Este fenómeno de polarización se está produciendo a ambos lados del espectro político: están surgiendo tiranos regularmente refrendados por las urnas tanto de derechas (Rodrigo Duerte) como de izquierdas (Nicolás Maduro). ¿Son compatibles la democracia y el despotismo?; ¿se ha detenido el progreso histórico?: este es el tipo de interrogantes que suscita nuestra coyuntura política actual. La respuesta de Cañizares, que no pudo exponer en España sin (un) Franco por falta de tiempo, es la siguiente:

—No existe tal cosa como un “progreso de la humanidad”, sino más bien todo lo contrario. Aunque la democracia no existe, la mera posibilidad de su existencia sería indeseable.

Estas conclusiones pueden parecer una boutade pour épater le podemite, pero en verdad se deducen de todo lo que ha argumentado previamente Cañizares. Si las principales esferas de la sociedad humana son sistemas integrados de objetos que privan a los sujetos de su razón y de su libertad al someterlos a compromisos sociales y a esquemas de fidelización, entonces el progressus de la religión, la ciencia, la industria, el espectáculo o el Estado no puede contemplarse sino como un regressus de la humanidad, entendida esta como el conjunto de los sujetos racionales y por ende libres. De hecho, según los ultrarracionalistas, el Homo sapiens sapiens está involucionando actualmente en el Homo velamine (el “mono vestido”), nombre del colectivo fundacional del ultrarracionalismo y primera especie del género Homo cofrade analizado en este Ultrarracionalismo, publicación pionera y de referencia en el campo de investigación de los Cofrade Studies.

En octubre de 2014, el Manifiesto del ultrarracionalismo definió al Homo velamine como un tipo de ser humano caracterizado por “un abandono carente de toda proporcionalidad o mesura al soma y al progreso tecnológico”. “Soma” —aquello que embute “las más diversas obscenidades en nuestras neuronas, convirtiéndolas en microchorizos grotescos, grasientos y chorreantes”, según el Manifiesto— era el término técnico que entonces denotaba a lo que, posteriormente, después de una lectura ontológica de El capital, de Karl Marx, Cañizares y Crespo Amine rebautizaron retóricamente como “Valor-Grasa”. Su conclusión es que el capitalismo define nuestro tiempo (la Ultramodernidad) no solo en términos económicos, sino también y sobre todo ontológicos, y que cualquier intento de construir una ontología apolítica o ahistórica —que parta, por ejemplo, de la distinción entre el ser y el deber ser— está condenada al fracaso. La ontología de Cañizares y Crespo Amine asume que tales distinciones no tienen sentido, que todo lo que es debe ser, que todo lo real es ultrarracional; en otras palabras, que no hay ninguna diferencia entre los entes y los valores; y que la forma más elemental del valor es la grasa, es decir, lo que resulta excesivo hasta el punto de volverse un desvalor.11

11 Tal vez no haya mejor ilustración del Valor-Grasa que esa foto en la que aparece el economista ultraliberal Juan Ramón Rallo cuando era estudiante de la universidad, sentado en un sofá marrón que parece salido de Los Simpsons, el arquetipo del sofá de un piso de estudiantes, vistiendo una camiseta roja con el lema “Capitalism” escrito como si fuera el logo de Coca-Cola, y, delante de él, una mesa baja llena de lo que parece a todas luces un bodegón del actual sistema económico: una botella de agua medio vacía, un yogur abierto con la tapa dentro, una lista de la compra escrita en rojo, un manual de economía, un mando a distancia, el encendedor de una cocina de gas y papel de fumar encima sobre un periódico de páginas color salmón cuya portada reza “Bancaja y CAM se expanden por España”, una bolsa de esparto y otra de plástico, un montón de diarios ilegibles, un elefantito de peluche, un CD virgen sobre una revista ilustrada y satinada en la que solo se puede leer la palabra “Ronaldinho”, una mochila para escalar el Himalaya, y —last but not least— dos platos planos transparentes rebosando tallarines a la carbonara con sendos tenedores clavados como picas sobre esos montículos de grasa. La écfrasis de esta naturaleza muerta enseña más acerca del capitalismo que cuatro años de carrera en Administración y Dirección de Empresas.

El Manifiesto del ultrarracionalismo también caracteriza al Homo velamine por su “adoración a un sistema de gobierno, la ‘democracia espectacular’, que bendice y posibilita y condena e inhabilita la libertad a partes iguales”. ¿En qué sentido se puede decir entonces que la democracia es inexistente e indeseable, como dijo Cañizares en Murcia, en octubre de 2014? En el sentido de que la democracia ni existe, ya que no gobierna el pueblo, sino un conjunto de protocolos técnicos y retóricos, ni es deseable, ya que el pueblo está sometido a la dictadura del tertulianado. Por ese motivo, el modelo de gobierno privilegiado por los ultrarracionalistas es el sorteísmo, es decir, la asignación de los cargos públicos por sorteo. Curiosamente, este procedimiento de selección aleatoria de los representantes políticos, lejos de ser antidemocrático, es la máxima expresión de la democracia tal y como la entendían los clásicos, a saber, como la igualdad de posibilidades en el gobierno. ¿Y acaso hay más igualdad de posibilidades que ante el azar? Las elecciones, por el contrario, privilegian siempre a quienes tienen mejor retórica, mejor peinado o mejor sonrisa; en una palabra: a los “aristoi”. Por decirlo con Montesquieu: “El sufragio por sorteo es natural de la democracia; el sufragio por elección es el de la aristocracia”12. Para ilustrar cómo el pueblo está irremediablemente sometido a la dictadura del tertulianado, Cañizares ironizó en su conferencia sobre el hecho de que en la tertulia televisiva El gato el agua, cuyos contertulios neoliberales habían abogado por la privatización de todos los servicios públicos, corriera el bulo de que Podemos quería expropiar y suprimir la cabra de la Legión Española:

12 Montesquieu, De l’esprit des lois, par. 1, lib. 2, cap. 2.

—Realmente no nos importa que nos quiten lo que quieran (mecanismos de decisión, educación, sanidad…), pero, por favor, no nos quites la cabra de la Legión —implora Cañizares, poniéndose en la piel de un votante del Partido Popular

Hay que recordar que el ultrarracionalismo nace en Madrid en 2013, dos años después de que el 15-M fracasara en impedir que Mariano Rajoy llegase a presidente de España. Hay que recordar que, durante los últimos siete años, el partido político más corrupto de toda Europa Occidental ha ganado la mayoría de las elecciones que se han celebrado en esa psicogeografia semiosistémica que el ultrarracionalismo ha tenido a bien llamar “La Meseta”. En una de sus primeras noticias falsas, Homo Velamine anunciaba que las Provincias Unidas de La Meseta se habían constituido en una república independiente respecto de Cataluña, que a partir de entonces pasaba a llamarse “Espanya”: “el monarca ya está planeando el traslado de su residencia habitual al palacete de Pedralbes, en Barcelona; mientras que la izquierda se ha mostrado muy satisfecha al ver por fin cumplida su tradicional demanda republicana”. Como se puede ver por el swag, Homo Velamine comenzó como una revista satírica de izquierdas en la línea de The Onion o El Mundo Today, que, no pudiendo cambiar el mundo, ironizaba sobre él imaginando realidades paralelas todavía más desquiciadas y tronchantes. Sin embargo, los ultrarracionalistas se percataron rápidamente de que el mundo realmente existente era mucho más cómico y loco que cualquier realidad paralela, y que las cosas se podían cambiar a través de la acción.

Así es como nacieron los actos ultrarracionales, con el objetivo de falsar el ultrarracionalismo, como si se tratase una hipótesis científica popperiana; pero pronto se dieron cuenta los ultrarracionalistas de que su visión del mundo es infalsable o metafísica, que no hay ningún hecho que no pueda ser predicho en principio por las tres premisas de su Weltanschauung: “1) Si la razón es, será devorada por el espectáculo. 2) Si la Razón es, el ser humano preferirá el Mito. 3) Si la Razón es, no podrá realizarse en el mundo real”, tal y como axiomatiza el catálogo de conceptos ultrarracionales ¡Pueblo, alza tu voz!, editado en mayo 2018, con motivo del quinto aniversario de Homo Velamine, en el formato de un folleto de la cadena de supermercados Alcampo. Así las cosas, los de Homo Velamine han invertido la máxima ultrarracionalsita de que hay que ser radicales en el pensamiento, pero moderados en la acción, y han ido radicalizando cada vez más sus acciones a la par que han ido moderando cada vez más sus pensamientos.13

13 En la segunda edición, “reducida y exaltada”, del Manifiesto del ultrarracionalismo, la máximade que hay que ser radicales en el pensamiento, pero moderados en la acción, que antes era un principio central de Homo Velamine, queda reducido a la condición de teorema del ultrarracionalismo positivista, “del que no se conoce ningún seguidor”, ya que aboga por “ofrecer las conclusiones ultrarracionales al Homo velamine en pequeñas dosis o descafeinadas para incorporarlo a la marcha de la historia”. Me molaba más cuando era Crema.

Un ejemplo de esta radicalización en la acción y moderación en el pensamiento son los garbeos ultrarracionales, que consisten básicamente en una serie de paseos por los barrios de Madrid y Barcelona. Una vez a la semana, los de Homo Velamine pasean por un barrio distinto, tomando la estación de metro más cercana como criterio de demarcación y punto de referencia. Al haber más de 300 estaciones en Madrid y casi 200 en Barcelona, se calcula que esta empresa tardará entre cuatro y cinco años en completarse: una acción ciertamente titánica y radical, detrás de la cual se esconde, sin embargo, un humilde y moderado pensamiento. La idea de los garbeos es hacer una psicogeografía de nuestros barrios y proponer una lista de mejoras ultrarracionales, entre las cuales no puede faltar un falso anuncio de demolición de tu bloque de viviendas porque “incumple los principios de Geometría Proporcionada y Buen Gusto, y ha sido catalogado en el nivel 5 (de 5) de Bajeza Moral”. Esta broma pesada, que roza lo delictivo y quizás termine llevando a los ultrarracionalistas a los tribunales, convirtiéndolos en mártires involuntarios de la libertad de expresión, no oculta que se trata de una idea copiada y pegada del letrismo de hace más de 60 años.14

14 Cfr. Guy Debord, “L’architecture et le jeu”, en Œuvres, París: Gallimard, 2006, págs. 189-191.

Pero volvamos a los orígenes del ultrarracionalismo, que, si bien no fueron originales, al menos sí originarios. El primero de los actos de Homo Velamine consistió en colgar en la Plaza del Dos de Mayo, en el arco del triunfo en homenaje a los españoles que se rebelaron contra Pepe Botella, un pendón con la consigna “A cada Botella le llega su Dos de Mayo”, en alusión a la entonces alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que no había sido elegida por el pueblo o por la sangre, sino puesta en el cargo por un familiar, igualita que José I: al Bonaparte le puso su hermano Napoleón, y a la del “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”, su marido, el expresidente del gobierno José María Aznar. “A cada Botella le llega su Dos de Mayo”: el pendón perfecto en el lugar perfecto, pues a las referencias históricas se sumaba el hecho de que en esa plaza se hacía botellón y el monumento estaba vandalizado, de modo que las estatuas de los rebeldes españoles no empuñaban espadas y pistolas sino litronas y cartones de Don Simón. Efectivamente, a cada botella le llega su Dos de Mayo. Nunca mejor dicho.  

Otros actos ultrarracionales han sido —por ejemplo— ir a la presentación de un libro de Esperanza Aguirre con unas camisetas en las que aparece la cara de la Thatcher española rodeada por el acróstico “FEA” (“Feministas con Esperanza Aguirre”). O poner a Karl Marx como si fuese Papá Noel delante del Cortylandia de Madrid (#merryXmarx) para que los niños se sienten en sus rodillas y él les advierta de que, si no se han portado bien y han hecho lucha de clases este año, el capitalismo les traerá carbón, alienación y explotación por Navidades. O asistir a la tercera asamblea general de Podemos en Vistalegre vestidos de curas y monjas a favor de la Iglesia y de Pablo Iglesias (“La revolución será en la fe o no será”, “Apaga la tele, ven a misa”, “Más oraciones y menos smartphones”, fueron algunas de las consignas de estos cleroflautas).15 O actualizar el icono de Nuestra Señora del Carmen situado en el muro oriental de la basílica de la Macarena, en Sevilla, para que, en lugar de la cara de la Virgen, figure la de María Teresa Campos, y, en vez de la del Niño Jesús, la de Andrés Iniesta.

15 Como dijo la escritora Ainhoa Rebolledo (a.k.a. Brenda) disfrazada de Sor Paso —en referencia al fallido intento de Podemos de superar al PSOE en las elecciones generales de 2016—: “Apoyamos a Pablo porque creemos en un Gobierno a imagen y semejanza del Padre: benevolente pero severo, que ame al Pueblo pero que sepa ser firme, que lo guíe y no que se deje guiar, que satisfaga sus necesidades mundanas sin poner en riesgo a la Creación. El Pueblo es un rebaño que necesita un buen pastor, un guía que les sepa advertir de los peligros de las iCosas que el capital-demonio ponen en su camino. Sin ese pastor el Pueblo está abocado al Apocalipsis, o a una eternidad de asambleas ciudadanas”.

Este último acto ultrarracional ilustra perfectamente el paso del Sufrir y Rezar al Empleo y Gol sobre el que versa la etnofenomenología, el paso de una economía de la escasez y la esperanza a una de la abundancia y el espectáculo. Ha sido justamente durante la crisis económica española que se ha visibilizado esta transición, ya que, a falta de Empleo, bueno ha sido el Gol. En los últimos años hemos tenido tasas de paro juvenil por encima del 50% a la vez que la selección española de fútbol ganaba todas las competiciones internacionales. Y el crecimiento de los brotes verdes económicos también ha sido coetáneo de la decadencia del tiquitata deportivo. Para analizar todo esto, José Carlos Cañizares fundó Red Velvet, una página de Facebook que ha comentado en directo cada Eurocopa y cada Mundial de Fútbol desde 2012 en adelante, rebautizando a La Roja como “Debemos.Queremos.Podemos” y a los trofeos de cada campeonato con los nombres de las actrices que aparecen en la película Terciopelo azul, de David Lynch. Entre los adversarios de Debemos.Queremos.Podemos que han impedido la reconquista de la EuroDern’14 y de la IsabellaRossellini’16 cabe destacar a la Logia.CAT (compuesta, entre otros, por el Philosopher Arrogante Pep y Doppelgänger Puigdelöw). Para hacerse a la idea del tono:

Ya eran de dominio público los oscuros vínculos entre el cochino Doppelgänger Puigdelöw y el Philosopher Arrogante Pep. Ambos eran amigos y aliados en la siniestra empresa de convertir a la Logia.CAT en una pequeña Alemania y, por tanto, en un rival interno del Terciopelo en su propia jurisdicción. Fue precisamente para este fin que Arrogante Pep emigró a Alemania, donde malvendió el secreto del tiquitaca a la Gran Alemania a fin de asegurar los derechos exclusivos de Little Alemania.CAT sobre la clase media nacional. […] Sin duda, uno de los trabajos más macabros y ambiguos del agente doble Arrogante Pep consistió en su misión secreta en una abadía de la Meseta dirigida por el corrupto Juan Luis Cebrián, a la que Pep acudió junto a su discípulo y amanuense, el pequeño Sergi Roberto, para tratar de evitar —aunque en vano— el ajusticiamiento y crucifixión de Queremos.Podemos.Debemos.

Además del balompié, dos han sido los temas principales sobre los que han versado la mayoría de los actos ultrarracionales. El primero es el del transporte y el medio ambiente. Véase, por ejemplo, cuando, en mitad del debate sobre la turismofobia en Barcelona, los de Homo Velamine se fueron a Logroño a protestar contra el Camino de Santiago bajo el lema de “Menos caminar y más trabajar”, argumentando que los peregrinos eran la principal causa de gentrificación de la ciudad y que, además, “dan muy mala imagen por su aspecto físico y su descuidada higiene. En la Edad Media traían cultura, hoy sólo traen los pies negros”. Del mismo modo, en mitad del debate sobre la restricción del tráfico en Madrid, los ultrarracionalistas empapelaron los coches de la ciudad con pegatinas de “Orgullo aceleracionista” y “Cuatro ruedas sí, dos piernas no” a la vez que cortaban la Gran Vía de la capital de España con pancartas de “Abajo los camiones” y “Arriba el mundo el antiguo”, actualizando de este modo la famosa escena ludita de El último caballo (Edgar Neville, 1950) en la que Fernando Fernán Gómez encarna a un dandi borracho y ecuestre que interrumpe la circulación en esa avenida con nocturnidad y alevosía. No en balde, uno de los participantes en el acto ultrarracional iba disfrazado de caballo, personificando de ese modo los problemas que ese medio de transporte tradicional plantea tanto desde un punto de vista antiespecista (¿es legítimo explotar a un animal sin maltrato ni sufrimiento?) como desde un punto de vista medioambiental (recordemos que los primeros estudios ecológicos serios versaron justamente acerca de los problemas que los excrementos de caballo planteaban para la salud del aire y el agua de las metrópolis de finales del siglo XIX).16 También cabe anotar que el condestable de Homo Velamine, Anónimo García, ese misterioso ente de pelo largo y bigote que está detrás de prácticamente todos los actos ultrarracionales, formó parte de Greenpeace y está naturalmente concienciado sobre este tipo de problemas.

16 Cfr. Brandom Keim, “Did Cars Save Our Cities From Horses?”, Nautilus, no. 7, 07/11/2013.

Pero los ultrarracionalistas no solo reivindican el mundo antiguo por motivos éticos y políticos, sino también estéticos y artísticos. Sus actos pertenecen a ese artivismo que apuesta por el happening y el performance como una forma de disolver las barreras entre la obra y la vida; a esa tradición de vanguardia —valga la contradictio in adiecto— que va desde el Cabaret Voltaire hasta Wu Ming, pasando por el situacionismo y el neodadá, y que en nuestro país tiene predecesores como los tres Ramones de las letras españolas: Ramón María del Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna, de quienes los ultrarracionalistas han heredado respectivamente el gusto por La Meseta, por las faltas de ortografía y por las tertulias.17 Yo solo he asistido a una de sus tertulias, pero puedo asegurar que La Subastada, que es como se llama el conciliábulo ultrarracionalista, es tan redicha como uno se la imagina: como la propia idea de una tertulia a comienzos del siglo XXI. A la que yo asistí solo se habló del pasodoble, género musical sobre el que Homo Velaminehabía hecho un CD en el que se alternan canciones de Manolo Escobar (“Buscando pelea”, “Una mujer extranjera”, “Como en España ni hablar”, etc.) y de Antonio Molina (“So bien hecha”, “Viva el sol de España”, “Mujeres y vino”, etc.): un combate coplero a dieciséis asaltos en el que el más macho y más patriota se alzaría con el título de “campeón musical de España”, según decía el libreto de este doublestep contest.18 Huelga decir que lo que a Homo Velamine le interesa de las tertulias y del pasodoble es esa aura de anacronismo benjaminiano que tienen las cosas obsoletas, que encaja perfectamente con la divisa ultrarracionalista de que “lo raro es bueno” y “lo común es malo”. Una divisa que puede ser acusada de snob o de hipster —de elitista, en suma— pese a ser el simple y llano corolario del dicho popular según el cual “la imaginación es siempre inocente”.

17 Cfr. Greil Marcus, Rastros de carmín, trad. de Damián Alou, Barcelona: Anagrama, 2006; Rafael Cansinos Assens, La novela de un literato, Madrid: Alianza Editorial, 2005.

18 El principal seguidor del pasodoble dentro de Homo Velamine es Rasomón, quien dirigió el programa de radio ultrarracionalista Vara y endrinas entre octubre de 2017 y junio de 2018 junto con Omiste y Mr. Satan (Ismael Crespo Amine): un podcast en el que se habló de temas como “Racistas que debes conocer antes de morir”, “El suicidio considerado una de las bellas artes”, “La inteligencia artificial nos hará humano”, “La procrastinación como forma de vida” o “La autoestima como credo jedi”.

—La imaginación produce libertad. La libertad implica soledad —silogiza el Manifiesto del ultrarracionalismo.

—Y la soledad engendra rareza —concluyo yo.

Hablando de hipsters, el segundo tema sobre el cual han versado la mayoría de los actos ultrarracionales ha sido la campaña electoral constante que ha vivido España durante el último lustro. El primero y más emblemático de esos actos consistió en ir a la sede del Partido Popular, en la calle Génova de Madrid —la noche de 20 de diciembre de 2015, el día de elecciones generales en las que el gobierno de Mariano Rajoy resistió y mantuvo el primero puesto—, y llevar carteles del tipo “El único Rivera bueno es el del Duero”, “Menos Podemos y más torreznos” o “Hipsters con Rajoy”. Este último eslogan no solo era una respuesta a la campaña publicitaria que el PP había dirigido a “los nietos de Franco y de Coca-Cola” —que diría Jean-Luc Godard— para evitar que Ciudadanos le robara esos votos, sino que también confirmaba paródicamente la creencia de tantos críticos culturales de que los hipsters y los indies son de derechas, y fue probablemente por ese motivo, porque confirmaba tantas expectativas y tantos prejuicios, incluido el orientalismo negrolegendario acerca de España como tierra de toreros y flamencas, de pandereta y castañuelas, que la foto de Anónimo García e Ismael Crespo Amine apareció a la mañana siguiente en la portada del diario parisino Libération ilustrando de manera totalmente seria y responsable cómo se ejerce el derecho a voto más allá de los Pirineos.19

19 Cfr. Víctor Lenore, Hipsters, indies y gafapastas, Madrid: Capitán Swing, 2014; Serafín Fanjul, Buscando a Carmen, Ciudad de México: Siglo XXI, 2012.

Medio año después, cuando los cuatro partidos principales que había obtenido representación parlamentaria no se pusieron de acuerdo para formar gobierno y se avecinaba una segunda vuelta electoral, coincidiendo con el quinto aniversario del 15-M, Homo Velaminevolvió a acampar en la Plaza Sol de Madrid, solo que esta vez al grito de “Sí nos representan”, “Lo llaman democracia y sí lo es” y “We are the 73,2%” (el porcentaje del electorado español que participó en los comicios de 2015). Finalmente, en junio de 2016, cuando “Rajoy-the-Buda”20 amplió su ventaja sobre los demás candidatos a la presidencia de España, los ultrarracionalistas regresaron a la calle Génova, pero esta vez no portaron sus propias imágenes, sino las que ciertos los votantes, simpatizantes y followers del PP habían subido a los grupos de Facebook en apoyo a ese partido. Fue así como nació Franco es kitsch, la publicación de Homo Velamine en la que se recopilaron los mejores fotomontajes colgados en sitios de la deep web facha como “El rincón del Franquista”, “Apoyemos al Sr. Mariano Rajoy Brey” o “AntiPodemos en Madrid”. Entre esos collages editados con Paint o WordArt descuella uno en el que aparece el hashtag#EspañaEnSerio” y, debajo de él, una bandera franquista sobre la cual se pega y se despega el logo del PP. Fueron este tipo de memes involuntarios los que pusieron a Homo Velamine tras la pista de Lo Serio y Lo Responsable como categorías centrales de la TecnoMeseta y el TecnoCarambolo, es decir, del uso de las tecnologías de la comunicación y de la información más punteras con el fin de preservar las esencias neolíticas, anticipando de este modo la cibergerontocracia que va a venir.21

20 Expresión con la que Cuñadología se refería al presidente de España entre 2011 y 2018, cuya única estrategia política consistió en no hacer nada y dejar que las cosas se solucionasen por sí mismas, en perfecta consonancia con el tancredismo ibérico y el wu wei chino. Recordemos que así llegó al poder y así se fue de él: el día de su moción de censura, Rajoy-the-Buda se marchó del Congreso de los Diputados para darse una comida de ocho horas en un restaurante gallego mientras el resto de los diputados discutían y votaban el final de su legislatura. Jamás se ha visto una mayor aplicación política de las escuelas filosóficas de la Antigüedad, desde el confucianismo hasta el hedonismo, pasando por la escuela eleática, a la que Rajoy-the-Buda se adscribía gracias a sus famosos trabalenguas dialécticos en contra de la posibilidad del cambio (“Haré todo lo que pueda, y un poco más de lo que pueda, si es que eso es posible, y haré todo lo posible, e incluso lo imposible, si también lo imposible es posible”, “Tenemos que fabricar máquinas que nos permitan seguir fabricando máquinas, porque lo que nunca va a hacer la máquina es fabricar máquinas”, “Cuanto peor, mejor para todos, y cuanto peor para todos, mejor, mejor para mí, el suyo beneficio político”, “Somos sentimientos y tenemos seres humanos”, etc.). Para leer la historia completa de Rajoy-the-Buda, véanse los posts de Ismael Crespo en Cuñadología, los días 26 de abril y 14 de junio de 2016.

21 Otras obras maestras de la guerrilla gráfica digital que impulsó al Partido Popular en las elecciones de 2015/16: 1) la foto de la cabeza de un caballo junto a un parterre de flores con los colores rojigualdos y la consigna “Partido Popular: reza, espera y no te preocupes”; 2) la foto de un coche de policía del cual cuelgan dos banderas españolas, una preconstitucional y otra ya constitucional, pero esta última con un escudo consistente en un jovencísimo Francisco Franco portando una Uzi en cada mano y vistiendo una camisa vaquera sin mangas, desabrochada, debajo de la cual se intuye un bronceado six-pack (“España está rugiendo como antaño”); 3) un primer plano en escorzo de una estatua de Jesucristo en la cruz, sobre la cual se ha impreso la bandera franquista, con el resultado de que parece que el águila de San Juan se estuviera abriendo paso a través del tórax del Señor, como si aquello fuera la versión falangista de Alien: el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979); etc.

Pero el frankitschmo es solo la cara risueña y gregaria de la Gente Entrañable, esos octogenarios que salen acariciando a sus nietos o a sus mascotas en las fotos de perfil de esas cuentas de Facebook y de Twitter bifrontes, que lo mismo felicitan un cumpleaños a un familiar que, con idénticos emojis y faltas gramaticales, desean la muerte a los inmigrantes, a los comunistas y, en general, a los que no formen parte de su tribu. Fue estudiando a la Gente Entrañable que los ultrarracionalistas llegaron a la idea del posespañol, una nueva lengua que está surgiendo en las redes sociales a partir de la combinación del analfabetismo de los mayores, las abreviaturas de los jóvenes y las correcciones automáticas de los smartphones. El ejemplo por antonomasia del posespañol es “Quiero  labadora”, el comentario que dejó una tal Pilar López en un post de Facebook de Alcampo, con doble espacio entre la expresión del deseo (“Quiero”) y la iCosa ortográficamente transmutada por el deseo (“labadora”). El Black Friday de 2016, los ultrarracionalistas organizaron una manifestación delante de un Alcampo, exigiendo dignidad y labadora para Pilar López, y, dos años después, en noviembre de 2018, publicaron endefensa del postespañol ,manifiesto porla liveración dela lengua, una octavilla redactada —como se puede ver— en el idioma nativo de internet. En ella se reclama que el posespañol sea reconocido como “patrimonio digital de la trash umanidad” y se estipula que la única norma de esta lengua escrita es reflejar la oralidad de la gente. Ello implica que no hay reglas sobre el uso de la “h” y de la tilde, ni tampoco sobre la distinción entre el infinitivo y el imperativo, o entre las letras que designan a un mismo fonema (g – h – j / c – s – z / b – v / q – k). Todo está permitido y “el corrector es libre de alterar el mensage dela usuaria en base a unas normas extrictas, dando nuevos sentido y creando nuevas composiciones bellas hincluso poeticas”. El posespañol es un lenguaje inclusivo y transhumano, ya que no visibiliza las desigualdades de clase cultural y en él se funden la máquina y el ser humano. Como dice el ,manifiesto:

Si Martín Heidegger dijo que la lengua es la casa del ser, para muchos catedráticos y gente que tiene el bacharalato el Pueblo bibe por haci dezir en Chabolas. Hes que no se enteran esos que no nos expresamos en un mal español, que mas bien nos expresamos en un exquisito postespañol. Y que a eso ellos no poeden ganarnos i por eso se hescudan en eso de la RAE.

Cumpliendo con la ley de Skitt, según la cual toda publicación que corrija un error contendrá al menos otro error más, especialmente cuando se tratan de errores gramaticales, los primeros que protestaron contra el manifiesto del posespañol fueron sus hablantes más competentes, artífices de sentencias inmortales del tipo “Si lo ha pollo”, “No podemos dejar que nos himbadan” o —mi preferida— “baya par de yncultos”.

El caso es que la mayoría de las tesis ultrarracionalistas provienen de la mente de José Carlos Cañizares, probablemente el más radical en el pensamiento y el más moderado en la acción de Homo Velamine. La mayor parte de la teoría del ultrarracionalismo ya está expresada de manera intuitiva y narrativa en su libro, El utero forzudo del precariado, una compilación ilustrada de los emails que Cañizares estuvo mandando a sus amigos mientras trabajaba de niñera en Londres. Entre los meses de enero y febrero de 2009, Döppelganger Poppins trabajó en la casa de una pareja lesbiana con cinco hijos irremediablemente traumatizados por el hecho de que sus madres intentasen suplir la falta de cariño y de cuidado mediante juguetes, actividades extraescolares y siervos hispanos. Una de las madres, Kate, es descrita como “una mezcla entre John Wayne y el John Goodman de El gran Lebowski. Un auténtico macho sin contemplaciones, un bruto mazacote que no ha cruzado las piernas jamás”22, cuyo sueño es ser escritora y ganar mucho dinero, y, con ese fin en mente, ha enmarcado una reseña positiva de sus escritos en uno de los cuartos de baño de la casa.23 La otra madre, Catherine ha estudiado pedagogía, pero no sabe cómo educar a sus hijos salvo a base de regalos.24 “¿Alguien se imagina una familia donde los padres fueran John Wayne y Santa Claus? Pues algo así”25. Influido por la prosa nihilista y entrecortada de Louis-Ferdinand Céline, esta correspondencia de Cañizares describe los absurdos de la vida doméstica clasemediana contemporánea, entre los cuales se cuentan fumar porros con tus jefas hasta altas horas de la noche o ser despedido porque el perro de un negro te ha atacado en la calle y la familia no quiere meterse en líos. La conclusión, extraída nada más empezar la crónica, es demoledora:

22 James Döppelganger, El útero forzado del precariado, op. cit., pág. 57.

23 “No es sitio cualquiera, este baño, escogido al azar, para mostrar este documento. No vulnera de esa forma la armonía del conjunto, introduciendo un elemento chirriante, como hubiera sucedido de colocarlo en uno de los salones. Tampoco introduce una presión extra a sus pretensiones literarias, como ocurriría al colgarlo en su dormitorio o en su cuarto de baño particular, sitios que frecuenta a diario, siendo éstas, además, estancias particulares, donde nadie excepto la familia o el servicio, ¡servicio!, pondrá un pie. Este cuarto de baño otorga tremendas prestaciones a su interés por mantener viva la llama de su vanidad. Es el baño utilizado por cualquier visitante, que se impresionará al ver esta magnífica crítica sobre las virtudes literarias de Kate. Y ella misma, cuando puntualmente acuda a este baño, indudablemente purificará su autoestima. Y eso es cosa bien necesaria, que cuando acude al baño uno, suele estar sucio, y a veces, cargado de mierda. Leer una crítica así, solemne, profesional, pero tan entregada, entre mojón y mojón, tiene que tener un efecto cafeínico sobre cualquier moral. Y no hay nada más importante que el ánimo, la vanidad, en este mundo, ya saben” (Ibid., pág. 61). 

24 “No quiero llamarla egoísta, mi teoría es que no se lo ha planteado por simple y llana torpeza. La veo como una víctima de un cruel y gélido primer mundo, de una educación materialista y carente de cariño. Incluso le echo la culpa a su educación. Pero claro, si nos ponemos así, los culpables son sus padres, ¡y no sus padres! ¡Los padres de sus padres! Pero esto no me vale, si es que fuera el mal de su incapacidad. En toda esta saga de pijos insensibles, ¿nadie ha sido capaz de intentar educar de forma diferente a sus hijos? ¿No debería Catherine pensar que la felicidad de sus hijos consiste en algo más que una casa, alimento, un colegio, fiestas de cumpleaños y millones de juguetes?” (Ibid., pág. 39).

25 Ibid., pág. 58.

¿O acaso puede subsistir por mucho más una especie que destroza su ecosistema implacablemente y abusa de los bienes naturales como hacemos, achacándolo a ‘necesidades de la vida moderna’?

Una especie que se multiplica sin cesar, y también multiplica su desequilibrio, manteniendo a más de las dos terceras partes de su totalidad en mayor o menor pobreza, mientras existe otro tercio que consume y desperdicia bienes sin el menor disfrute, sólo por el hecho de consumir, y que, al final de cuentas, ni siquiera se da cuenta de que

No piensa.


No ama.

No comparte.

¿Cómo va esa especie a durar mucho más? ¡Espero que no! ¡Que venga otra que sólo se preocupe por el amor y el arte! Somos los peores animales sobre la faz de la tierra. En palabras de mi amigo Anónimo:

“El aborto no debería ser un derecho, sino un deber”.26

26 Ibid., págs. 51-52.

II.

Madrid, febrero de 2016. En el sótano de un bar del extrarradio, dos tipos disfrazados leen en voz alta Ser y tiempo, de Martin Heidegger, y se toman un chupito de orujo cada vez que aparece la palabra “Dasein”. Uno de ellos va disfrazado de Gavagai, el ejemplo que puso William Van Orman Quine de palabra intraducible o, mejor dicho, de inescrutabilidad de la referencia y de indeterminación de la traducción. Imaginemos, dice Quine, a un antropólogo, filólogo o mero traductor que va a estudiar el idioma de un pueblo completamente desconocido y desconectado del resto de familias lingüísticas. Supongamos que el antropólogo/filólogo/traductoro va por el campo con un nativo y se encuentran con un conejo. El nativo lo señala y exclama: “¡Gavagai, gavagai!”. Pues bien, según Quine, por mucho que se repita y se precise esa definición deíctica no sabremos si “gavagai” refiere a “conejo”, a “conejidad” o a “parte no exenta de conejo” hasta que no sepamos el uso que en ese lenguaje hay de las ideas de objeto, esencia y parte/todo. Y eso es la inescrutabilidad de la referencia. E incluso cuando la hayamos escrutado podremos traducir alternativamente la palabra (“gavagai”) por cualquiera de esas tres opciones en castellano (“conejo”, “conejidad”, “parte no exenta de conejo”) dependiendo del uso que en nuestro lenguaje haya de esas tres ideas (objeto, esencia, parte/todo). Y eso es la indeterminación de la traducción.

Pues bien, en esta noche, en Madrid, en febrero de 2016, Ismael Crespo Amine va disfrazado de conejita sexy, con un tutú rosa, un mono de licra y un gorro de plástico con orejitas —ah, se me olvidaba: y con una barba poblada a lo Jorge Cremades—. A su lado estoy yo disfrazado de la Navaja de Ockham. Mi disfraz consiste en un mankini improvisado a partir de una franja de tela plateada que se eleva varios palmos sobre mi cabeza, se ajusta a mi cadera con un cinturón rojo y apenas me cubre la polla. Por detrás, tapándome el culo y los riñones, tengo la frasecita ockhamiana: “Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem”. Inescrutable o indeterminada, la mejor traducción de esa frasecita que yo conozco es la de Jorge Luis Borges: “Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres”27.

27 Jorge Luis Borges, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertibus”, en Obras completas, Buenos Aires: Emecé, 1974, pág. 431.

Estamos en la fiesta del primer aniversario del Círculo Podemos Filosofía Analítica, una página de Facebook que originalmente montaron José Carlos Cañizares e Ismael Crespo Amine —yo me sumé una semana después— con el fin de pitorrearnos tanto de la filosofía analítica como de Podemos. Hay que recordar que, durante su primer año de existencia, antes de tomar el poder de ciertos ayuntamientos y de ciertas Comunidades Autónomas en las elecciones de mediados de 2015, Podemos promovió la formación de círculos de toda clase y condición (“¡Que florezcan cien flores!”, que exclamó Mao Zedong antes de cortar de raíz a las disidentes y protestonas). Más parecidas a una partida de dominó que a un soviet bolchevique, las reuniones presenciales de estos círculos fueron rápidamente monopolizadas por los becadeseantes y buromundanos en busca de un cargo y de una paguita, a la vez que, de puertas para afuera, en las redes sociales, se proyectaba una imagen ficticia de inclusividad y participación. Un ejemplo de esta ficción era el Círculo Podemos Filosofía, compuesto exclusivamente por los deleuzianos y los lacanianos que echaban las tardes en el Espacio Cruce: una galería de arte contemporáneo de Madrid en la que se reunían cada dos semanas para comentar veinte páginas de Alan Badiou o Slavoj Žižek, haciendo pasar a esos autores como los filósofos de cabecera de la formación morada. Si bien es cierto que la mayoría de los dirigentes políticos de ese partido tenían la mente abotargada por la teoría de la hegemonía y del populismo de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, era necesario conformar un “contrapoder popular y ciudadano” (jajaja, ¿qué cojones estoy diciendo?), y por ese motivo conformamos el Círculo Podemos Filosofía Analítica. Porque sí.

¿Y por qué “Analítica”? Porque yo había estudiado un máster en Barcelona centrado en esa especialidad académica y, aunque había ciertas cosas de la filosofía analítica que me desagradaban, como lo estirados y perezosos que son sus integrantes (un filósofo analítico que publique más de un paper por año o de un libro por década pasa a ser considerado un divulgador de poca monta), yo me consideraba entonces un “marxista analítico” —o sea, que había renunciado a la utopía comunista y a la teoría del valor trabajo, pero había preservado el análisis crítico del capitalismo, solo que ahora basado en técnicas formales como la teoría de juegos— y había persuadido a mis amigos de que leer a Quine, Kripke o Parfit es para un filósofo como ir a la mili para el súbdito de un régimen autoritario: una pérdida de tiempo estúpida y laboriosa que o bien te destruye o bien te endereza.

Durante su primer y único año de existencia, el Círculo Podemos Filosofía Analítica estuvo comentando y combatiendo las noticias de actualidad con las armas de la commedia y la lógica de primer orden.28 Así, cuando los líderes supremos de Podemos y de Ciudadanos entraron en una competición para ver quién sabía menos de Immanuel Kant (Pablo Iglesias mentó a “la Ética de la razón pura”, título inexistente que Albert Ribera no tuvo problemas en reconocer que no había leído, ya que le había bastado y sobrado con “unos apuntes de la carrera” para saber quién era El Chino de Königsberg), el Círculo comentó lo siguiente acerca de una imagen en la que aparecían esos dos políticos junto a Alberto Garzón, secretario general de Izquierda Unida, dando declaraciones a la prensa:

28 Escribo la palabra fetiche del cómico Ignatius Farray, a pesar de que, en 2015, cuando nosotros abrimos Cuñadología, él todavía no se refería a sus bromas como “commedia”, y a pesar de que nosotros nos dimos cuenta muy pronto de que el humor no sirve para nada, ni siquiera para reconciliarte con aquellos a los que primero has ofendido y luego has pedido disculpas, como cree el de Granadilla de Abona. Este fue el final del post que publicó Ismael Crespo Amine en respuesta al tuit que escribió Farray sobre que “se daría un paso de gigante en el feminismo el día en que, en medio de un acto contra la violencia de género, un manifestante le arrimara cebolleta a una manifestante y los dos vivieran esa experiencia desde la ironía, la complicidad y la commedia”: “el que Ignatius Farray sea tomado como una persona ‘seria’ detrás de su disfraz de bufón, y se repita constantemente que tiene un ‘mensaje detrás’, solo destapa que vivimos en una época donde los jóvenes solo piensan con categorías totalmente efectistas, y que pasan por ‘pensamientos profundos’ casi cualquier cosa. De hecho, el principal problema del mundo en la actualidad es que éste se toma demasiado a broma. Pienso que tratar de resolver este chiste que es el mundo actual con más commedia es como intentar apagar el fuego con más fuego”.

Se trata de una fotografía que hace referencia a la gala de los Goya de 2016 en la que el fotógrafo tenía la intención de expresar el teorema Kant-amigos. Este teorema afirma que el cuadrado de los libros de Immanuel Kant que uno haya leído es inversamente proporcional a la atracción que uno ejerce sobre las personas potencialmente interesadas en uno.

Así, “el perfecto nuero”, al no haber leído más que alguna cita suelta del autor prusiano en alguno de sus manuales de
Burocracia avanzada y teoría de caer bien a Ojeda y Pablo Motos II, atrae a nada más y nada menos que a cuatro periodistas y por lo tanto él (ajeno al imperativo categórico/P.I.M.P.) es feliz.

El segundo sujeto es Pablo Iglesias, quien ha leído do libros de Kant, la
Paz perpetua y la Ética de la razón pura, restando al coeficiente tres puntos respecto de Rivera; además del hecho de que Pablo Iglesias haya leído mal la “Crítica” como “Ética”. Esto ha producido una anomalía observable en el hombre que se acerca sospechosamente a su entrepierna mientras mira disimuladamente a ver si alguien le observa.

Ahora bien, si el teorema es cierto, no hace falta que digamos cuantos libros de Kant se ha leído Alberto Garzón, ¿verdad? Pobre hombre.

Algún día habrá que hacer una antología en tapa dura y trece tomos de este tipo de posts, ya que constituyen la mejor parte de la obra de José Carlos Cañizares e Ismael Crespo Amine (y de todos los que han actualizado con ingenio su estado de Facebook o de Twitter desde el más estricto heterónimo u anonimato). Si no, caerá sobre estos autores la misma injusticia bibliográfica que se ha cernido sobre esos sablistas y esos reporteros de comienzos del siglo XX que, con sus charlas en los cafés y con sus columnas en los periódicos, influyeron más sobre la opinión pública que todos esos poetas y narradores a los que posteriormente se les ha editado unas obras completas en Cátedra, en Alianza Editorial o en Galaxia Gutenberg. Por eso es importante saludar la publicación de libros como Ultrarracionalismo, porque constatan, ISBN mediante, que en internet se genera filosofía más sugerente y rigurosa que en la Academia, y que se aprende más en las redes sociales que en la carrera. Aunque también hay que reconocer que “internet es el delirio báquico del griterío y el tumulto ambulante aumentado”, como aseguran Cañizares y Crespo Amine en ese libro. Dos caras de la misma moneda.

Así que aquí estamos, en Madrid, en febrero de 2015, tomando un chupito de orujo cada vez que sale la palabra Dasein en Ser y tiempo. Y sale mucho. Antes, yo he proyectado un mashup de vídeos con el que pretendía mofarme de la tradición filosófica. Junto a un sketch del canal de YouYube Epic Rap Battles of History en el que figura Nietzsche improvisando contra Sócrates, he proyectado un videoclip de la banda punki Kegels for Hegel: “I Wanna Fight You to the Death (Love Song to G. W. F. Hegel)”. También he proyectado un tema del grupo de rap filosófico Troikadedra (“Yo ya solo dialogo con Luciano de Samosata…”) sobre un vlog de Eduardo Inda cuando era director del diario Marca (“¿Qué tal, marquistas?”). Y “Tu coño es mi droga”, de Pxxr Gvng, sobre la entrevista de Alejandro Jodorowsky a Beatriz Preciado en la que Preciado le da a Jodorowsky testogel para que se coloque. A sí mismo y a su identidad de género.

Pero los vídeos no solo hacían chirigota de referentes filosóficos lejanos, sino también de figuras más próximas. Así, tomé una cinta a mi padre, Fernando Castro Flórez, profesor de estética en la Universidad Autónoma de Madrid, en el que aparece dando una entrevista en calzoncillos delante de un muro de motos, obra del artista fluxus Wolf Vostell, y encima puse “My Philosophy”, de Boogie Down Production (“So, you are a philosopher?”, se pregunta y se responde este clásico del rap de los 80, “Yes, I think very deeply”). También monté un vídeo con fotos del Estado Islámico y música de Bola de dragón (“Unidos a Goku no hay que temer, / pues mis golpes y kame hames / a todos respeto infunde, / ya lo vas a ver”, exclamaba la intro de esta serie de dibujos animados mientras en la pantalla aparecían decapitaciones y fusilamientos sumarios en Siria) y, a continuación, un clip en blanco y negro del entonces director de mi alma mater, el Departamento de Filosofía de la UAM, susurrando a lo James Bond, a oscuras y con un tono de voz sexy: “Soy Jorge, Jorge Pérez de Tudela. Mis amigos me suelen conocer —mis amigas también me suelen conocer— como Jorge”, mientras de fondo suena la versión techno de las declaraciones (¿metapatriarcales?) de El Fary sobre “el hombre blandengue”. Y sobre el exministro de Cultura Ángel Gabilondo, también exprofesor mío en la UAM, superpuse una conferencia suya con un tema muy loco del trapero Cecilio G., quedando la cosa aproximadamente de la siguiente manera:

—Yo declaro —comienza Gabilondo— mi amor a la palabra, mi pasión por la palabra, mi amor y mi pasión por la palabra “filosofía”. Dice Steiner que vivimos en un tiempo que es el tiempo de la pérdida de palabra.

¡Praw! —replica Cecilio G.

—Hemos perdido la palabra.

¡With the ramen!

—Es el tiempo de la pospalabra.

¡Dispute the newer!

—Éramos seres de palabra.

¡Be higher!

—Aristóteles dijo que en eso nos distinguíamos de los animales. Los animales tienen voz. La voz sirve para expresar el placer, el gusto y el disgusto.

—Yo sé que me querías, baby. / Pero yo no te quería, baby. / Las quería a todas, baby.

—Pero solo la palabra sirve para expresar lo justo y lo injusto, lo conveniente y lo inconveniente.

—Yo sé que me querías, baby. / Yo sé que me querías, baby. / Pero en tu vida habías cogido una polla, baby.

—Solo decir que, entonces, una palabra desajustada introduce alguna suerte de injusticia en el mundo.

¡Hip Flow!

—Y da miedo seguir hablando.

¡Praw!

—Pero los que amamos la palabra y velamos por la palabra “filosofía” sabemos hasta qué punto estamos extraviados, perdidos.

—… —Fonemas inarticulados de Cecilio G.

—Perdidos y abrazados a esa palabra que no acabamos quizás de entender.

Le voy a ahorrar al lector la transcripción íntegra de la cinta. El caso es que en esa proyección ajusté cuentas irónicas con los filósofos de la generación tapón, esa hornada de trabajadores de cuello blanco que coparon todos los cargos importantes del sector público y privado durante la Transición Española, cuando ellos tenían veintimuchos o treintaipocos años, obligando a las siguientes generaciones con estudios a malvivir como becarios, contratados temporales y aspirantes a tiempo completo. Entre esos catedráticos que taponan la filosofía española con los que ajusté cuentas irónicas podemos destacar aquí a dos o tres.29 El primero es Fernando Savater, de quien hice un vídeo en el que suena la tonadilla de Miguel Noguera “Un padre, un pecado” (“Tengo a mi padre metido en el horno. / No sale, no sale”) aludiendo a la relación edípica que tiene Savater Senior, liberal y españolista, con Savater Junior, el de Ética para Amador, que —pobrecito— le ha salido anarquista y quincemero.30

29 El tercer catedrático en discordia, que no voy a mencionar en el cuerpo de este texto —ya que no hice ningún vídeo sobre él para la fiesta del aniversario del Círculo Podemos Filosofía Analítica, y ya está quedando un ensayo demasiado egocéntrico para que además hable en el cuerpo de texto sobre cosas que nada tienen que ver con el ultrarracionalismo—, pero cuyo nombre no quiero dejar de mencionar y mancillar en esta nota a pie de página, es José Luis Pardo, con quien tuve una lamentable polémica en el verano de 2017, a raíz de la enésima visita de Slavoj Žižek a España. Cfr. José Luis Pardo, “Desmontando a Žižek”, El País, 30/06/2017; Ernesto Castro, “Una demolición necesaria”, Tumblr, 01/07/2017. Lamentablemente, la polémica terminó ahí, ya que la única respuesta que ofreció Pardo a mis críticas fue hacer un meme sobre mí. Sin decir mi nombre, por supuesto. Así se las gastan los intelectuales orgánicos del Régimen del 78: primero te humillan y luego te invisibilizan.

30 A Fernando Savater ya le tenía yo cruzado desde que leí Como si nada, la filípica de Alberto Cardín contra él y, en general, contra los intelectuales del diario El País (cfr. Alberto Cardín, Como si nada, Valencia: Pre-Textos, 1981). Pero se me cruzó aún más cuando tuve que leerme toda su bibliografía para entrevistarle a mediados de 2016. Escribí de inmediato un artículo en el que copiaba y pegaba todos los casos de acoso sexual a estudiantes y colegialas que él mismo había contado con pelos y señales en su “autobiografía razonada”, Mira por dónde, pero entonces, un año antes del #MeToo, nadie puso el grito el cielo, y todavía hoy, dieciséis años después de la publicación de esas memorias, nadie se ha sumado a mi denuncia acerca de los abusos perpetrados por ciertos profesores de la universidad española. Al final va a ser cierto que la mejor forma de guardar un secreto es escribirlo y publicarlo en un libro. Allí nadie lo va a leer. (Cfr. Ernesto Castro, “Fernando Savater: ‘Confieso que he follado’”, Tumblr, 08/06/2016; Fernando Savater, Mira por dónde, Barcelona: Debolsillo, págs. 216, 277, 282, 302, 316, 327, 352, 373, 404, 459 y 482).

El segundo catedrático que tapona la filosofía española con el que ajusté cuentas irónicas es Carlos Fernández Liria, de quien hice dos montajes para la fiesta del Círculo Podemos Filosofía Analítica. En el primero aparece su discusión con Juan Bautista acerca de G. K. Chesterton, con María José Callejo como moderadora y repartidora de cervezas, solo que en vez de discutir sobre el distributismo como modelo económico anticapitalista suena “Canelones”, de Papaíto y los Salchichas Explosivas, el grupo de reggaetón satírico compuesto por Raúl Pradana y Manuel Picó (como cantaba este último con acento puertorriqueño: “El canelón nutre la sosiología / con decorasión varia pah pensamientoh e ideologíah. / El cosinero se lo prepara al obrero y al burguéh. / ¿Que pideh doh? Pueh también puedeh pedih treh. / Con espinacah al vegetariano le poneh / y pah canih, con tol flow, le preparah caniloneh. / No nesesitamoh pasta, / noh basta con pasta / no muy aplastáh / pah estah en la casta / que en manjareh va a gastáh”). Hablando de la casta, el segundo vídeo que hice sobre Fernandez Liria, a sabiendas de su influencia en los orígenes de Podemos, es una historia de ese partido contada a partir de la explicación de El Fary acerca del proceso creativo que le condujo a “La mandanga”:

—¿El tema de la mandanga? Sí, el tema de la mandanga nació con mucha gracia, en un momento de arte, de gracia -—dice El Fary sobre imágenes de Carlos Fernández Liria delante de una pizarra [el Régimen del 78]—, porque estábamos echando la partida esos amigos que habitualmente nos juntábamos todas las tardes para contar nuestras cosas, tomar nuestra copita —prosigue El Fary sobre imágenes de un videoclip del rapero cani Jarfaiter [la crisis de 2008]—. Y, en ese momento, que estábamos jugando la partida, pues entraron dos chavalotes y empezaron a liar un porro.

—Venga, chavales, a la calle, de mandanga nada; no me perjudiquéis. A la calle, por favor, que no me interesa a mí eso —ordena el dueño del bar sobre imágenes de un piquete de estudiantes de Ciencias Políticas haciéndole un escrache a Rosa Díez que consiste en sacarle una tarjeta roja [el 15-M].31

31 Como supongo que a día de hoy, a comienzos de 2019, nadie se acordará de quién es Rosa Díez, diré que fue la secretaria general de Unión Progreso y Democracia, un partido libespañol (fundado, entre otros, por Fernando Savater y Mario Vargas Llosa) que obtuvo algún que otro escaño entre 2008 y 2015, dejando a su paso un reguero de memes consistentes en literatos haciendo el ridículo extremo (Fernando Pombo, Andrés Trapiello, Fernando Iwasaki… la lista es eterna).

—Deja a los chavalotes, Pablo, déjalos que caminen como ellos camelen; que, si los chavales camelan pegarle un poquito a la lejía, o camelan pegarle un poquito a la mandanga, pues déjalos —replica El Fary sobre imágenes de Fernández Liria explicando su analogía entre los tres principios de la Revolución Francesa (libertad, igualdad y fraternidad) y los tres trascendentales según Victor Cousin (lo verdadero, lo bueno y lo bello)—. Entonces cogí y dejé la partida, y le dije a un amiguete: “Aplástate aquí y juega tú la partida por mí, que estoy ahora mismo agustísimo”. Total, que cogí la nave, cogí el coche, me fui a una esquina, paré allí el auto, y empecé a escribir el tema; y fíjate como sería que a la media hora lo tenía escrito —continúa El Fary mientras Fernández Liria tacha la palabra “fraternidad” de la pizarra—. Total, que volví a los chavalotes y les dije: “Mirad lo que he hecho, a ver qué os parece”. Y cuando vieron el lío dijeron: “Ay va, Fary, si esto es un melocotonazo de miedo; no veas la que vas a armar con esto; esto tiene un tirón enorme” —concluye El Fary mientras empieza la canción de “La mandanga” (“Entré en una discoteca, / soy tímido y me asusté: / pivitas que con quince años / —y los chavales también— / hablaban de cosas raras, / de lo cual no me enteré”) sobre imágenes de Pablo Iglesias y Ada Colau caminando por los vomitorios de Vistalegre en pos de una asamblea general de Podemos [Fin de la cita].

En este punto quisiera recordar que Fernández Liria y un servidor tuvimos una polémica a finales de 2015 que comenzó con una clase que yo impartí en una plaza de Madrid, en protesta por la situación académica de la filosofía (“Si nos echan de las aulas nos vamos a la calle”), en la que cometí la osadía de decir que, en la educación secundaria española, la asignatura de filosofía fue “un invento del franquismo”. Fernández Liria escribió un artículo contra mí y mi verdad incómoda en el que no se me aludía por el nombre y apellido, sino que se hablaba caricaturescamente del “enfant terrible de la filosofía española”. Yo le respondí leyéndome toda su obra, incluida su infumable tesis doctoral sobre Jean-Paul Sartre, y escribiendo una refutación de su pensamiento de más de 6.000 palabras. ¿Su réplica? Postear en Facebook que “no me interesa nada saber si Ernesto Castro va a o no a perdonarme la vida tras leerme de manera tan convulsiva. Si le sentó mal que no le citara en mi artículo, le pido disculpas, porque no era mi intención. Por mi parte no tengo ninguna gana de leer lo que escribe. He tenido suficiente con su artículo”.32

32 Cfr. Ernesto Castro, “La filosofía, ese invento del franquismo”, El Confidencial, 30/11/2015; Carlos Fernández Liria, “La importancia de la filosofía”, Cuarto Poder, 12/12/2015; Ernesto Castro, “Contra el pensamiento lirista o liriano”, El Catoblepas, no. 168, febrero de 2016, pág. 3; Ernesto Castro, “Por un materialismo indeseable e impío”, El Catoblepas, no. 179, primavera de 2017, pág. 7.

Cuento esto, no a modo de batallita del abuelo cebolleta, que también, sino para constatar la brecha que se ha abierto entre los catedráticos de la Transición, habituados a no leerse entre ellos, ocupados como están traduciendo lo que se piensa en Francia, Alemania y Gran Bretaña, y los pensadores de mi generación que, sin perder de vista las tendencias filosóficas globales, no tienen miedo a entrar en diálogo con sus semejantes y a criticar desenfadadamente a la autoridad, dado que este libro de José Carlos Cañizares e Ismael Crespo Amine tiene mucho de esa generosidad respecto de los iguales y de esa impiedad frente al poder.33

33 Una generosidad que se ha materializado en iniciativas como Goliat o Hic Rhodus. Goliat fue una “plataforma de artes y humanidades” que fundaron, a finales de 2016, Miguel Ballarín, Víctor Aguado Machuca, Ismael Crespo Amine y Laura Tabarés, entre otros. Inicialmente iban a escribir un manifiesto, pero, al no encontrar ni una voz común ni un sujeto al que interpelar, decidieron publicar un libro colectivo de ensayos. En su portada, una foto de Los portadores de la antorcha, el conjunto escultórico situado en la Universidad Complutense de Madrid en representación de la transmisión del conocimiento de generación en generación. Como yo había explicado ante las cámaras de Aguado Machuca, que entonces estaba haciendo un documental sobre mi persona que nunca terminó (o que quizás todavía sigue en marcha), el hecho de que la antorcha estuviera ausente —había sido sustraída durante un botellón— sugería que en España el conocimiento no se transmite generacionalmente. Los miembros de Goliat lo pudieron comprobar en sus propias carnes cuando, en la presentación del libro colectivo ensayo, se les acercaron artistas y escritores más jóvenes que ellos. Creían que una plataforma de artes y humanidades era algo que iba a solucionar todos sus problemas personales y profesionales. Como entre los fundadores tampoco se ponían de acuerdo sobre si aquello era un movimiento social o una startup, Goliat se disolvió tan rápido como se había formado.

Hic Rhodus, por su parte, fue un “foro de humanidades” que nació muerto a mediados de 2017, ya que, en teoría, iba a ser una suerte de arXiv.org, en el que expertos en distintos campos de investigación compartieran su conocimiento especializado, pero, en realidad, terminó siendo una suerte de RincónDelVago.com, en el que estudiantes de primero de carrera pedían apuntes o listas de libros para iniciarse en una materia.

Goliat e Hic Rhodus: dos generosas y fallidas iniciativas que muestran hasta qué punto es difícil generar espacios colectivos más allá de las redes sociales y cómo, en la era del capitalismo algoritmizado, la unión no hace necesariamente a la fuerza.

Así que aquí estamos, en Madrid, en febrero de 2016, proyectando vídeos cachondos acerca de la tradición filosófica. Luego mostramos una fotografía de Cañizares disfrazado de “Naturaleza Violada” (“Los seres humanos no hacemos violencia a la naturaleza. Es la naturaleza la que, a menudo, nos provoca, comportándose como una puta”, brama el Homo velamine). Más tarde sacamos un bebé de plástico en representación de la “máscota honoris causa” del Círculo Podemos Filosofía Analítica: el pensador débil Gianni Vattimo, a quien dimos por muerto en junio de 2015 al acercarse demasiado al núcleo irradiador de Errejón (“vamos a ir a los tribunales, ya que el núcleo irradiador tiene que dejar de irradiar hegemónicamente a los animales tanto humanos como no humanos”, advirtió Crespo Amine). Posteriormente presentamos el Partido de la Epistemología Naturalizada en España (PENE) con un logo consistente en un retrato del matrimonio Churchland sosteniendo un perrito entre los brazos, y una lista electoral encabezada por “Don Caballo Loco Kim”, seguido por “El Hegel de la época de Jena”, “Un hecho atómico”, “Don Lord Solomillón”, “El Platón de la juventud” y “La estructura lógica del mundo”. A continuación, le formulamos una batería de preguntas de tipo test a los borrachos y virilizados hooligangs que componen el auditorio —“¿Qué hizo Friedrich Nietzsche cuando fue a un prostíbulo en Colonia en 1865? A) Pillar la sífilis. B) Escribir El origen de la tragedia. C) Afeitarse el bigote. D) Tocar el piano”— y regalamos distintos objetos a quienes sepan las respuestas correctas —en la pregunta anterior, la respuesta correcta era la D), y el premio, un martillo para “romper los ídolos o lo que sea”—. Para terminar, hacemos lo de leer en voz alta Ser y tiempo y tomarnos un chupito de orujo cada vez que sale la palabra “Dasein”. Y, después de todo ese desbarre, se nos acerca una pareja que ha estado sonriendo y bailando durante toda la fiesta a preguntarnos cada cuánto tiempo se reúne el Círculo. Se han creído que formamos parte de la cúpula de Podemos. Piensan que tenemos alguna influencia en la política cultura o educativa de ese partido. No han pillado el chiste.

Yo creo que fue a partir de este tipo de experiencias de incomprensión absoluta de la ironía que Crespo Amine se puso a estudiar concienzudamente sobre el tema. Finalmente llegó a la conclusión de que todas las formas de la ironía se pueden modelizar en una tabla con dos ejes: el eje que va desde la ignorancia hasta la sabiduría, entendida esta no solo en el sentido teórico, sino también práctico de la palabra; y el eje que va desde la ingenuidad hasta el cinismo, concebido este en el sentido clásico del término, como el descrédito de las creencias y costumbres habituales; de modo que hay una cuádruple raíz de la ironía (lo preirónico, lo irónico, lo posirónico y lo metairónico), que aquí podemos exponer del siguiente modo, partiendo de la distinción entre los ritos (lo que uno hace o practica) y los mitos (lo que un cree o teoriza):

1) Lo preirónico es un estado de ingenuidad e ignorancia en el que uno hace los ritos y se cree los mitos. Este es el estado en el que todo el mundo se encuentra habitualmente, pero en el que uno no se reconoce a sí mismo casi nunca, ya que la ingenuidad y la ignorancia hacen prácticamente imposibles el distanciamiento y el reconocimiento críticos, de modo que la mayoría de las veces no sabemos ni siquiera que no sabemos (punto de partida de la filosofía). Por ese motivo, los preirónicos y el infierno son los otros, y el hombre es un preirónico para el hombre, porque solo somos capaces de reconocer la ingenuidad y la ignorancia en los demás, especialmente en esa realidad colectiva que es el pueblo, estudiado por la etnofenomenología —y, en el caso del pueblo español, por la teoría general de La Meseta.

2) Lo irónico es un estado de cinismo e ignorancia en el que uno no se cree los mitos pero sí hace los ritos. Este es el estado propio del cínico moderno de Peter Sloterdijk, que hace el mal a pesar de saberlo; o del ironista liberal de Richard Rorty, que es consciente de la contingencia de sus propios compromisos prácticos y teóricos.34 Ahora bien, lo irónico es un estado objetivo, lo cual significa que no requiere de ningún tipo de intencionalidad —burlesca o de otro tipo— por parte de ese sujeto que hace los ritos pero no se cree los mitos. Tan irónico es el físico Niels Bohr al colgar una herradura de la buena suerte en la puerta de su despacho (“Me han dicho que sigue funcionando aunque no creas en ella”) como el votante que, “con la nariz tapada”, mete la papeleta de un partido en una urna electoral. Lo irónico es un estado de ignorancia porque ignora que en el mundo en que vivimos lo que tú creas o dejes de creer no importa lo más mínimo, siempre y cuando te comportes tal y como se espera de ti. A un partido le da igual si los millones de votos que recibe cada cuatro años son con la nariz tapada o despejada.

34 Cfr. Peter Sloterdijk, Crítica de la razón cínica, trad. de Miguel Ángel Vega, Madrid: Siruela, 2003; Richard Rorty, Contingencia, ironía y solidaridad, trad. de Alfredo Eduardo Sinnot, Barcelona: Paidós, 1991.

3) Lo posirónico es un estado de ingenuidad y de sabiduría en el que uno no hace los ritos pero sí se cree los mitos. Este ha sido el estado más discutido dentro del ultrarracionalismo, y algunos, como Miguel Ballarín o Víctor Aguado Machuca, creen que carece de sentido o de referencia. Yo, por el contrario, creo que lo posirónico es la categoría central de la cuñadología, la teoría del conocimiento ultrarracionalista, ya que abarca tanto al biempensante, aquel que cree en cosas que él no hace (posironía subjetiva), como al cuñao, aquel que cree en cosas que ya no se hacen (posironía objetiva).35 Huelga decir que el cuñao es un biempensante objetivo, y el biempensante, un cuñao subjetivo.

35 A diferencia del resto de ultrarracionalistas, que escriben la palabra sin faltas de ortografía, yo escribo “cuñao” sin “d”, no sólo porque esa sea la acepción primigenia y popular del término (en España, recordemos, se empezó a hablar del “cuñao” como sinónimo del “paleto” a partir de la coletilla de El Risitas, el humorista de cerrado acento sevillano que salía en el programa de televisión de Jesús Quintero a comienzos de los 2000), sino sobre todo porque con esa falta de ortografía quiero marcar el hecho de que el origen histórico del cuñao se remonta a la aparición de la escritura, en el momento en que se abre la brecha entre lo que uno sabe y lo que se sabe. Así como Jacques Derrida utilizaba la expresión “differance” para denotar una diferencia que difiere en el tiempo, cuya falta gramatical resulta imperceptible para la oralidad, yo escribo “cuñao” con una intención similar, para indicar las fuentes orales de su sabiduría o de su ignorancia. Derrida escribía en posfrancés sin saberlo. 

La objetividad del cuñao viene dada por la historia, que ha vuelto obsoleto un conjunto de prácticas o ritos, tales como el matrimonio concertado, al mismo tiempo que ha mantenido ciertas teorías o ritos, tales como la misoginia o el machismo, que normalmente son reorientadas a la justificación de nuevas prácticas o ritos (véase, por ejemplo, la dialéctica entre las distintas corrientes del feminismo como vector de desarrollo del capitalismo en el presente).36 Los ejemplos que hemos puesto en la frase anterior no son aleatorios o arbitrarios, sino que apuntan al estatus antropológico del cuñao, que en última instancia es el marido de tu hermana —piedra fundamental del patriarcado, al menos tal y como lo entiende Claude Lévi-Strauss, como el tipo de sociedad basada en la prohibición del incesto y, por ende, en el intercambio de mujeres fértiles entre familias o tribus—. Así las cosas, no es de extrañar que la dialéctica entre el biempensar y el cuñadismo sea exactamente la misma que hay entre la civilización y el salvajismo según Lévi-Strauss: “Cuñao es quien llama ‘cuñao’ a otro”. No en balde, tu cuñao es de otra familia o de otra tribu; de otra ciudad o de otro barrio; de otro Estado o de otra nación. Es un salvaje que no hace tus ritos; un bárbaro que cree en otros mitos.

36 Si Pamela Palenciano e Irantzu Varela dicen que “iba el patriarcado, se encontró con el capitalismo y se casaron por la Iglesia”, también se puede decir, por esa regla de tres, que “iba el feminismo, se encontró con el capitalismo y entablaron una relación abierta”. Al final, es el capitalismo el que siempre pilla cacho.

Pero tampoco hay que incurrir en el pancuñadismo. A fin de cuentas, lo posirónico es un estado transitorio y momentáneo, ya que no involucra ningún rito o práctica; pero el paso a la acción es necesario, uno no puede quedarse eternamente en el mito o la teoría; y, por lo tanto, tanto el cuñao como el biempensante están constantemente tentados por la ironía (por ejemplo, volverse veganos pese a saber que ello no tiene prácticamente ninguna incidencia en la industria cárnica) o por la preironía (en esta categoría caen, a mi juicio, todos esos académicos que actualmente intentan abrazar la nueva sinceridad o el giro afectivo como una forma de volver a Ítaca, de recuperar esa autenticidad y esa corporalidad martirizada tras años de másteres y doctorados, sin darse cuenta de que Penélope está cambiada y Telémaco ya es mayor de edad).37

37 Cfr. Elena Castro Córdoba y Víctor Aguado Machuca (comp.), Nueva sinceridad, Madrid: Injuve, 2018.

4) Lo metairónico es un estado de cinismo y sabiduría en el que uno ni hace los ritos ni se cree los mitos. Este es el estado propio de la filosofía entendida como “destrucción de los ídolos” (Friedrich Nietzsche), como “trituración de las ideas” (Gustavo Bueno); en una palabra: como “escepticismo”. Sin embargo, como sucede con todas las formas de la ironía que carecen de un rito o de una praxis sobre la que fundarse, el escepticismo filosófico es un momento transitorio y momentáneo que amenaza constantemente con reificarse en lo posirónico (que es lo que sucedió con el escepticismo antiguo, el de Sexto Empírico, que se redujo a un catálogo de tropos sin ninguna conexión con la praxis), en lo irónico (que es lo que sucedió con el escepticismo moderno, el de Michel de Montaigne, que se limitó a adecuarse a las costumbres locales a pesar de no creer en ellas) o en la preironía (que es lo que está sucediendo con el escepticismo contemporáneo, el de Richard Dawkins, que consiste en hacerles creer a los filisteos que son superdotados simplemente por no creer que la Tierra es plana o que la homeopatía cura).

Es importante recalcar que estas cuatro formas no son tipos de sustancias o de personas, sino estados por los que puede pasar cualquier sujeto u objeto, de modo que un mismo individuo puede ser preirónico en un momento e irónico en otro; e, incluso, un mismo hecho puede ser posirónico o metairónico según el punto de vista desde el que se mire. De hecho, Homo Velamine distingue entre los actos ultrarracionales irónicos, que “consisten en llevar hasta las últimas consecuencias las tendencias que se dan de forma sincrónica en un estado de cosas actual”, y los posirónicos, que “tienen una función maquiavélica, que consiste en mostrar las contradicciones que operan en el seno mismo de una vanguardia política que es incapaz de escuchar al Pueblo”, según las definiciones de ¡Pueblo, alza tu voz!

Un ejemplo de acto ultrarracional irónico fue la primera iniciativa que llevó a cabo el Comando Barcelona de Homo Velamine, que consistió en pasearse por la ciudad vestidos de guiris a favor de la independencia de Cataluña. “Entendemos la nueva República como la oportunidad de visitar un nuevo país y añadir un sello nuevo a nuestros pasaportes”, fueron sus declaraciones. Citando irónicamente al filósofo Jacques Rancière, cuya teoría política sostiene que la democracia consiste en la participación política de quienes no tienen parte en los demás campos sociales, dando por sentado que tales son los oprimidos y los marginados,38 los “Turistes pel Sí” comunicaron a la prensa que se sentían “excluidos como sujeto político. Se consideran ‘la parte de los sin-parte’ y exigen derechos políticos y la incorporación al sufragio de aquellas personas con una estancia en Cataluña superior a los 10 días”. Este fue un acto irónico porque resulta plausible pero ridículo que en un futuro no muy lejano los independentistas catalanes busquen apoyos en ese ejército de ocupación que desfila y se disuelve en chanclas con calcetines por las ramblas de Barcelona. Eso sería un golpe mortal para “Nespresso Sánchez”39.

38 Cfr. Jacques Rancière, El odio a la democracia, trad. de Irene Agoff, Buenos Aires: Amorrortu, 2006

39 Expresión con la que Cuñadología se refiere al actual presidente de gobierno de España, el primero de esa raza de políticos sonrientes y robotizados, que se comen las vocales en internet y vienen con un título universitario de serie, a la que pertenece Justin Trudeau, Émmanuel Macron o, por no irnos tan lejos, Pablo Casado.

There is no alternative —decía Margaret Thatcher.

Nespresso, what else? —dice Pdr Snchz.

Un ejemplo de acto ultrarracional posirónico fue colgar de un andamio de Madrid una bandera rojigualda, con el lema “Viva España feminista”, al paso de la marcha del 8 de marzo de 2018, el Día de la Mujer Trabajadora más multitudinario que se ha visto hasta la fecha. Después de unos primeros minutos de estupefacción, en el que los y las manifestantes no sabían si aplaudir o abuchear, algunas corearon “Sí se puede” mientras otros —y subrayo el masculino plural porque fueron los típicos follaliados antifascistas encapuchados— escalaron el andamio para retirar la bandera y, ya de paso, pegar a Anónimo García a la voz de “¡Fuera de aquí, maricón!”. Este fue un acto posirónico porque evidenció las contradicciones internas del movimiento feminista, capaz de tejer redes de sororidad internacionales y, sin embargo, incapaz de apropiarse del símbolo nacional con el que se identifican la mayoría de sus abuelas, de sus madres, de sus hermanas e, incluso, de sus cuñás.40 Aquí tocamos un tema muy discutido dentro del ultrarracionalismo, a saber, si existe la cuñá y cuáles son las pruebas o vías que se pueden aducir en favor de su existencia. Algunos creen que la cuñá es un ente contradictorio y que las dudas que hay acerca de cómo escribir su nombre (¿cuñá, cuñáh, kunyá?) ya indican que ni existe ni puede existir; pero yo creo que el cuñadismo femenino es una realidad y que las estudiantes que jalearon a los homófobos que retiraron la bandera ultrarracional son un ejemplo de ello. Como dijo Sara Dos, una de las miembras más activas de Homo Velamine:

40 Pero el problema de la izquierda con los símbolos nacionales viene de lejos. En 2015, Anónimo García fue a una manifestación del 15-M con una bandera constitucional y comprendió “el terrible y necesario dolor de Jesucristo mientras cargaba la cruz hacia el Gólgota entre insultos. Él llevaba sobre sí la culpa de la humanidad, yo llevaba sobre mí el terrible y demente poso de España. Pronto llegó mi ración de insultos”. Por ese motivo, Homo Velamine ha propuesto una nueva bandera nacional, cuyo escudo representa mejor las insignias españolas (una pata de jamón, un ladrillo, una señal de autopista, el sol naciente, un balón de fútbol y dos botellas de vino con la leyenda siestera y fiestera “Semper Zzzz”), cuya tela es el toldo verde que cuelga de los balcones de casi todos los bloques de viviendas de este país.

Queremos liberarnos del heteropatriarcado, pero no del Estado español, que es uno de los mejores para ser mujer. Más si tenemos en cuenta que venimos, hace solo 40 años, de un régimen autoritario y arcaizante que fue nefasto para nosotras. A pesar de ello hoy España ocupa el quinto puesto del mundo en el grado de igualdad entre géneros, según un estudio que salió hace poco. Lo cual no significa, claro, que exista igualdad total. Estamos orgullosas de nuestro país, pero tenemos que seguir luchando por mejorarlo, y por eso hemos apoyado hoy la huelga y la manifestación.

Pero los conflictos de HomoVelaminecon el feminismo hegemónico no se han limitado a ese caso. Pocos meses después de que Ismael Crespo Amine y un servidor fundásemos la página de Facebook de Cuñadología, fuimos invitados por Anónimo García a una conversación en la radio de El Estado Mental sobre el tema de las nuevas masculinidades. En la conversación también participaron el crítico de cine Diego Salgado y el columnista Juan Soto Ivars (un colaborador esporádico de Homo Velamine que, entonces, en julio de 2016, antes de que publicara su ensayo sobre los “pajilleros de la indignación” y la “poscensura digital”, no había sido tachado todavía un enemigo público del feminismo en España).41

41 Cfr. Juan Soto Ivars, Arden las redes, Barcelona: Debate, 2017, especialmente el capítulo 11, en el que se discuten las ideas feministas de micromachismo y de cultura de la violación en relación con el linchamiento y la poscensura digital del humorista Jorge Cremades. Como suele ser habitual en las polémicas montadas alrededor de un libro, lo que las críticas feministas le echaron en cara a Soto Ivars no fue tanto lo que escribió en el libro, que a fin de cuentas casi nadie se había leído, sino las declaraciones que fue soltando en artículos y tuits posteriores. Véase, a este respecto, el artículo “Quiero leer columnas de mujeres mediocres” (El Confidencial, 20/10/2017) y el tuit “¿Por qué de pronto estamos fingiendo todos que no existen las zorras?” (10/05/2018).

Yo creo que esa conversación fue un buen ejemplo de cómo un mismo hecho puede caer bajo cualquiera de las cuatro formas de la ironía dependiendo del punto de vista que uno asuma. Así, todos los participantes en la conversación nos presentamos como unos ironistas acerca de las nuevas masculinidades, como hombres deconstruidos que hacen sus ritos (fregar los platos, hacer la colada, etc.) pero no se creen sus ritos (“Soy una bellísima persona solo porque no mato ni violo ni maltrato ni exploto a las mujeres que conozco personalmente” = “Mi modelo ético es Adolf Hitler; me conformo con no cometer un Holocausto”). Para subrayar la metaironía de la conversación, Anónimo García propuso que nos vistiéramos con ropa de mujer, es decir, con unas camisetas escotadas, ajustadas y de colores brillantes, lo cual fue interpretado por nuestras objetoras feministas como una apropiación posirónica de la heráldica femenina. En suma, se nos echaba en cara que nos creyéramos aliados del feminismo (mito), al mismo tiempo que nos disfrazábamos de mujeres cuan grupo de machirulos en carnavales (rito), como si la mujer fuera un ente mitológico o esperpéntico. Por si fuera poco, nos pasamos la mayor parte de la conversación discutiendo preirónicamente sobre si invitar a una chica a una copa o a un café es micromachismo.42 La correspondencia que posteriormente publicamos Vicente Monroy y un servidor dio si cabe más vergüenza ajena; tanta, que ni siquiera nos criticaron por ella.43

42 Sobre este tema, véase la obra maestra de Miguel Ballarín, “Sobre por qué ligar hoy en día es una pesadilla”, un post de mediados de 2016 que fue compartido por más de 4.100 usuarios de Facebook antes de ser borrado por su autor. Su parte central dice así: “No sé si es causa de la sobreexposición de nuestra vida en general y de nuestra privacidad más en general todavía, pero la realidad es que todo el mundo ha confeccionado un personaje con el grado suficiente de divertido cinismo y sarcasmo ingenioso como para no mostrar ningún sentimiento genuino, y me huelo por propia experiencia que para ni tan siquiera llegar a sentirlo. Si alguien se enfada contigo no te va a llamar para hablarlo personalmente; lo más a lo que puedes aspirar es a una respuesta pasivo-agresiva por WhatsApp aproximadamente entre tres horas y dos días después de que haya leído tu mensaje; eso, o un tweet/post/foto/estado sospechosamente artístico lanzándote un dardo silencioso al cuello”.

43 Cfr. Anónimo García, Ismael Crespo Amine, Diego Salgado, Ernesto Castro y Juan Soto Ivars, “#DebateMasculinidad: cinco hombres reflexionan sobre su género”, El Estado Mental, 17-18/07/2016; Ernesto Castro y Vicente Monroy, “Cartas desde dos masculinidades: una correspondencia rectificada”, El Estado Mental, 26/09/2016.

Pero el principal desencuentro entre el ultrarracionalismo y las feministas mainstream fue a raíz del tour de La Manada que Homo Velamine creó para poner en evidencia cómo la mala praxis de los medios de comunicación y las dinámicas jibarizantes de las redes sociales se retroalimentan mutuamente. Prácticamente todos los medios de comunicación españoles dieron la noticia de que alguien quería lucrarse organizando una visita turística por los sitios de Pamplona en los que se había producido el abuso sexual de La Manada durante las fiestas de San Fermín de 2016. Tanto daba que el tour se anunciase como gratuito y que lo único que se fuera a comercializar en él fuesen unas calcomanías con los tatuajes de El Prenda, uno de los cinco violadores de La Manada, detalle grotesco que debería haber hecho saltar las alarmas de los periodistas. Sin embargo, casi todos se tragaron la noticia falsa, y los pocos que no lo hicieron prefirieron subrayar la inoportunidad e insensibilidad de Homo Velamine, en vez de destacar que esos medios que entonces se indignaban eran los mismos que unos meses antes habían publicado vistas aéreas de la ciudad en las que los lugares de la violación se mapeaban como si fueran estaciones de metro o líneas de autobús. Las redes, por su parte, se calmaron tan rápido como se habían indignado al enterarse de que la página web del tour había sido cerrada y estaba siendo procesada por la policía, a pesar de que nadie había puesto una denuncia y lo único que había pasado es que el servidor se había caído durante una hora por sobrecarga de tráfico (más de 60.000 visitas en un solo día). Muy pocos medios de comunicación y casi ningún militante de Twitter se hizo eco del desmentido que publicó Homo Velamine con una captura de pantalla de las fake news que se habían publicado durante las primeras ocho horas del escándalo. “Vender calcomanías con el tatuaje de El Prenda es asqueroso. Tanto como vender clics, solo que esto es mucho menos obvio”, rezaba el título del desmentido.

Esta es, en resumidas cuentas, la historia del ultrarracionalismo hasta esta fecha. Una historia de malentendidos y confusiones. Una historia de acciones radicales y pensamientos modestos. Una historia, sobre todo, de risas y más risas. En el prólogo de este libro, los autores hablan de manera optimista acerca de los ultrarracionalistas de otros países o del futuro. Yo, más pesimista, creo que el ultrarracionalismo es algo del pasado, hijo de esta España que nos ha parido y de este internet que nos ha criado. Ojalá me equivoque y este libro no caiga muerto de la imprenta. ¿O acaso el éxito de Ultrarracionalismo conllevará la falsación y refutación del ultrarracionalismo?

Treblinka, Madrid
14 de febrero de 2019